Cuando el ‘cedido’ supera al ‘comprado’ y al ‘de la casa’

Cuando el ‘cedido’ supera al ‘comprado’ y al ‘de la casa’

Publicado por el 18 de julio de 2014

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Aunque un servidor guardase todavía un nostálgico hilo de esperanza, estaba cantado que el futuro de Thibaut Courtois arribaría en la ribera del Támesis y no en la del Manzanares. No le culpo. Tras el ruido generado en la semifinal de Champions frente al equipo que tiene sus derechos, ¿alguien pensaba que no haría las maletas? Al margen de su voluntad (que no la sé, pero lo intuyo), los mensajes de Mourinho envueltos en cierto tono amenazante, dejan claro que la decisión no ha dependido tanto de él como le hubiera gustado. Así que salvo aparición milagrosa surge en el horizonte un panorama desolador, donde la huella de aquel imberbe que aterrizó como un ‘palomo’ en el arco rojiblanco resulta hoy en día prácticamente imborrable.

Verano de 2011. Después de una temporada mediocre, el Atlético de Madrid observa con recelo como sus mejores futbolistas van saliendo en desbandada. Agüero, Forlán, De Gea…, o citados en otro argot, el ‘de la casa’, el fichado a golpe de talonario o el ídolo, que ya era ídolo incluso antes de aterrizar procedente del otro lado del charco. Todos ellos jugadores en propiedad. ¿Hace falta que recuerde sus salidas? Palabras lanzadas como puñales desde Argentina, esperpénticas sábanas a las puertas de una clínica en Manchester o desplantes de estrella caprichosa que en su última temporada decide rozar el ridículo.

presentacion-courtois-atleticoY en medio de todo aquello aparece en escena Courtois. Un pipiolo nacido en Bélgica con cara de cualquier cosa menos de parar balones. Un tallo de casi dos metros y 19 años recién cumplidos que llegaba cedido por el Chelsea y que ya desde el primer día causó un gran recelo entre la masa colchonera. Tras el fiasco de De Gea (con indiferencia de los millones que dejara en caja), el bueno de Thibaut no solo tenía que luchar en el plano deportivo con sus compañeros de entonces Asenjo y Joel, si no también en el sentimental respecto a una masa que no entendía como el ‘cedido’ podía jugar por delante del ‘comprado’ o el ‘de la casa’.

Pocos apoyaron la decisión de Manzano de poner al mejor sin revisar el ADN colchonero o la situación contractual de cada uno. Algunos incluso se atrevieron a señalarle como uno de los principales responsables del pésimo arranque del equipo. El Betis llegaba al Calderón y ganaba 0-2, el Albacete, 0-1,… pero el chico paraba. Hasta en el fatídico día que salió expulsado del Bernabéu por un penalti que nunca debió ser roja, dejó destellos de una personalidad impropia para su edad. Crecía a pasos agigantados ante la atónita mirada de propios y extraños, cada vez más conscientes del diamante que les había caído en gracia.

Tres años después sobran las palabras. Podríamos estar horas hablando de todo lo que Courtois le ha dado al Atlético. O de sus innumerables gestos de cariño con la afición. O de sus ganas por hacer bandera de este equipo allá por donde pasa. O de su seguridad aérea, sus paradas imposibles o su templanza para manejar las situaciones más comprometidas. Podríamos hablar de cualquier cosa, con cualquier persona y en cualquier lugar, que no encontraríamos a nadie con una mala palabra sobre él. De la misma forma que el buey no es de donde nace sino donde pace, Courtois nunca mamó del Atlético, pero quizás fue el más atlético de todos.

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