¿Y si hubiera existido Instagram en la década de los 80?

¿Y si hubiera existido Instagram en la década de los 80?

Publicado por el Jul 20, 2015

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Mi perra Nala no me ha dejado dormir la última noche. Es una golden terrier adorable que me ha estado dando con la pata cada hora de reloj en la mesilla y de un ventilador que en cada soplo de vida me lo niega todo: las aspas de derecha a izquierda, de izquierda a derecha. «No, no, noooo», como Amy Winehouse en una de sus canciones más conocidas, Rehab. Nala está asfixiada de tanto respirar temperaturas como las de Abu Dabi. Madrid iguala en grados a los de este país desértico. Así lo delata la pantalla del iphone. Otro artilugio que vela mi sueño inquieto. Llega algún whatsapp de madrugada con noticias de «radio macuto» (cotilleos) y Twitter, incontables. También Facebook bombardea con sus solicitudes de amistad que iluminan la pantalla del móvil. No me voy a «capturar» para Instagram en este pésimo estado de duermevela, aunque si estuviera a lo que hay que estar ya debería haber entrado en este juego de imágenes indiscretas y pretenciosas en muchos casos por los haikus que revisten su ego escondido y exhibicionista. Supongamos una foto de mi mesilla y alrededores con la frase «amores perros» pegada a los pies. La botella de agua que tengo en las manos: «Medio llena o medio vacía. Esa es la cuestión». Con suerte, consigo miles de seguidores por unas ocurrencias como estas.

Retrato de Madonna en los años 80

Retrato de Madonna en los años 80

Otra noche, en una cena de cumpleaños familiar, coincidí con Albert Rivera y su novia. Dos mesas más allá, se dieron algún beso y se hicieron selfies con todo aquel que se lo solicitaba. Atracción total. Mi hermana, que donde pone el ojo pone la bala -cosas de familia-, sentenció que «este señor parece un vendedor de lavadoras». Les saqué uno foto furtiva al «vendedor» y a su girlfriend pero no la colgué en Instagram ni en Twitter. La guardo en mi móvil, que ya casi es tan grande en memoria como mi corazón. Perdí otra oportunidad, ahora que los periódicos barren con casi todo asunto cultural que se les cruza en pos de lo «fresquito». A mí siempre lo más fresquito que se me ha ocurrido para el verano periodístico es ilustrar las secciones llamadas serias con sus protagonistas cotidianos en traje de baño. Soy rara, porque la cultura siempre me ha parecido fresquita en verano y calentita en invierno y se puede «instragramear» como lo que más. Hasta la mujer y los hijos de un Premio Nobel metido a amante ya no furtivo se dejaron ver en Instagram durante las fiestas del pasado Día del Orgullo Gay. Los llamados instagramers son especímenes cada día más cotizados.

Regreso a mi noche perruna. En realidad, Nala es la perra de mis sobrinos, que está en régimen de acogida una semana. Y tan a gustito, pero con este calor no hay pata ni patita que yo aguante a mi lado. Hay épocas en las que es mejor sudar a solas, por mucho que en abc.es una de las noticias más vistas desde hace meses en la sección de Cultura sea «los diez mejores poemas de amor». Me entretengo pero no pincho para leer poema alguno porque sé que los poemas de amor de lo que al final hablan es de desamor y yo sólo tengo calor. Nada más real que la incomodidad del sudor nocturno, que no tiene por qué aguantar más que uno mismo. Fuego en el cuerpo (1981) trajo amor, pasión y crímenes. Vivimos, sí o sí, en una época noña que oscila entre los escándalos más absurdos que Instagram nos sirve en pantalla plana y no demasiadas pulgadas de inteligencia.

Secuencia de la serie danesa Borgen

Secuencia de la serie danesa Borgen

Esa misma noche de autos, antes de irme a la cama para no dormir, vi un capítulo de la serie danesa Borgen, en el que la primera ministra recién llegada al cargo y a su despacho, en plena batalla por los pactos, recibe como primera y vital pregunta cuándo desea recibir a la directora del Museo de Arte Moderno para cambiar los cuadros del despacho. La primera ministra responde que traiga unos más modernos y ya está. Al día siguiente, el despacho está adornado con lo más moderno y escandaloso de la casa. Ya en la vigilia y atando cabos retorcidos e irónicos me acuerdo de nuestro recién nombrado ministro de Cultura, que ha mandado retirar de su despacho el retrato de Unamuno pintado por Gutiérrez Solana. ¿Habrá pedido algo más moderno al Museo Reina Sofía? En otro golpe de ventilador me llega el rumor de Jardiel Poncela, a quien le quieren echar a la calle también, y el libro que Espuela de Plata acaba de sacar, ¿Por qué no se suicida usted? No voy a contestar. Otra noche que no fue perruna me entruve con el Canal Historia y un documental dedicado a los 80. Ni Instagram ni las mentes más ñonas hubieran aguantado la tralla de aquellos años de fuego en el cuerpo. Sexo, droga y rock and roll (o similar) de verdad.

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Cuando, y cada vez más, la cultura es espectáculo y el espectáculo es una cultura se hace más necesario leer entre líneas lo que la cultura se trae en manos. Más sobre «Entre líneas»

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