Un museo como Dios manda

Un museo como Dios manda

Publicado por el Feb 9, 2015

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Pasado el fervor de las inauguraciones, con comitiva Real e institucional incluida, no hay como visitar a “solas” el museo y las exposiciones agraciadas con los focos mediáticos. En concreto, me refiero al de la Universidad de Navarra que hace apenas unas semanas abrió sus puertas. Moneo es el arquitecto y el corazón del museo lo integran la colección Huarte, donada a esta institución, y los fondos ya recibidos en su momento del archivo Ortiz Echagüe. Dos piedras angulares sobre las que se va a levantar un discurso expositivo que, desde este primer momento, tiene visos de asentarse en el sentido común. No en el espectáculo ni en la espectacularidad. Da gusto por varios motivos. El primero, promover una proyecto de estas características en plena crisis no es poca cosa. Implica compromiso con la cultura y el arte. De verdad, no de cara a la galería y, además, dentro de un campus universitario con lo que supone relacionar disciplinas y posibilidades de investigación. Algo muy propio de los instituciones académicas norteamericanas pero que escasea de fronteras para adentro.

Detalle del Museo de la Universidad de Navarra

Detalle del Museo de la Universidad de Navarra

 

Si empezamos por el edificio, Moneo ha puesto ladrillo sobre ladrillo conociendo muy bien cuál era el origen de toda esta aventura: la colección de María Josefa Huarte, recientemente fallecida, a los pocos días de comtemplar la que puede esr considerada como su mejor obra. Moneo ha construido (si se me permite la licencia) una (nueva) casa para estas obras maestras de la abstracción española. De hecho, nunca se hubiera puesto en marcha este proyecto si Josefa Huarte no hubiera donado su colección a la Universidad de Navarra. El proyecto de Moneo es tan elegante como todo el espíritu que transita por las salas. El ladrillo característico de sus construcciones (por ejemplo, en el Museo Romano de Mérida) no levanta demasiado la voz ni la altura, pero he aquí su gran mérito. Los planos nacen de conocer el enclave original de cada una de las piezas de la colección. Dónde y cómo estaban colgados los cuadros de Tàpies o de Palazuelo en la casa madre de los Huarte. Me cuentan la anécdota de que el propio Moneo no quería que el edificio se enseñara antes de la inaguración, con las salas vacías o a medio hacer, porque están pensadas para albergar única y exclusivamente estos cuadros. Sin ellos colgados de las paredes, nada sería ni es lo mismo. Ni se podría recorrer de la misma manera. El resto de su proyecto arquitectónico, lo integran, más allá de los espacios comunes, un excelente auditorio donde se programarán cursos y un más que interesante calendario de danza.

Escultura de Tèpies en las salas del Museo

Escultura de Tàpies en las salas del Museo

 

La colección de María Josefa Huarte sin ser demasiado amplia (por el número de piezas) sí que preserva una esencia bien definida de la abstracción en el arte español, con una joya en la recámara. Obras en su mayoría de gran formato de Palazuelo, Ruiz Balerdi, Sempere, Oteiza (el más nutrido de todos), Tàpies, Millares, Chillida, Feito, Gerardo Rueda y Manumuniategui. Se salen de este territorio abstracto un cuadro de Picasso y un papel de Kandinsky. Y mención especial merece el más que excelente, excelentísimo, Rothko.

El Rothko de la colección Huarte

El Rothko de la colección Huarte

 

Ya decía que todo aquí está muy pensado, por eso no sorprende que emerja en una de las salas un proyecto de Ínigo-Manglano-Ovalle, “The Black Forest”. Una gigantescas y evocadoras construcciones hechas con madera quemada de los bosques de Navarra, según la técnica japonesa Shou Sugi-Ban, que dialogan no solo con la colección de pintura y fotografìa sino también con el diseño de Moneo. Dentro del ámbito más contemporáneo, también sobresale con matrícula de honor el trabajo de Carlos Irijalba: un proyecto sobre la luz (la esencia de la fotografía) sobre el espacio natural de un bosque local. Ni que decir tiene que chapeau!

Ortiz Echagüe realizando una fotografía

Ortiz Echagüe realizando una fotografía

 

Lo cierto es que no dejo de disfrutar entre las obras ya reseñadas y lo que ha de venir. En primera instancia, parte de los fondos del archivo de Ortiz Echagüe que se centran en sus trabajos fotográficos sobre el Norte de África. La muestra ha sido comisariada por su nieto Javier Ortiz Echagüe y nos acerca todo el trabajo de campo e investigación del histórico fotógrafo. Antes de que la colección de Josefa Huarte fuera donada a la Universidad de Navarra, llegó a esta institución la del ya citado Ortiz Echagüe en torno a  la cual se ha ido conformando una gran colección de fotografía, desde sus orígenes y hasta la actualidad. De estos fondos -como pocos debe haber en Europa- sale la otra exposición: “El mundo al revés. El calotipo en España“. Un invención de William Henry Fox Talbot en la segunda mitad del siglo XIX que más allá de la técnica y de la curiosidad encierra todo el misterio y la filosofía de la imagen fotográfica tan estudiada desde Benjamin y hasta Susan Sontag. Si ambos levantaran la cabeza, sería curioso volver a escuchar sus reflexiones sobre el noble arte de robar el alma en ese instante detenido que dijo Robert Capa.

 

 

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