Tocar la lira con los abdominales de Ronaldo

Tocar la lira con los abdominales de Ronaldo

Publicado por el Jul 7, 2014

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Como nadie me espera en el área de remate  -soy un(a) líbero(a) total-, allí me planto en cuatro zancadas, tal cual fuera o fuese ese falso nueve que se supone marcaba los goles de nuestra selección. Un contraataque en toda regla y sin incurrir en fuera de juego ni toparme con patada alguna del enemigo sobre el terreno que me reviente la espinilla y la espinillera (¿todavía llevan este antiguo artilugio los robotizados jugadores de nuestro tiempo o nacen con él ya incoporado en su perfecta musculatura?). Tiro a puerta, aún a expensas de que me lluevan botellazos si yerro en el remate. No noto miedo escénico alguno por más que me espere una soledad sonora en el centro de este campo ajeno donde tanto personaje ajeno se ha metido a narrar las hazañas de los 11+11. Los 22 ahora más parecen los 300 espartanos de la mítica y épica Historia, al hilo del tono narrativo, al estilo de la batalla de las Termópilas, que se emplea en muchos partidos para interpretar la pizarra de un campo de fútbol donde, más que palabras, todo es geometría, líneas elípticas a veces con elipsis considerables. No voy a seguir regateando (chupar balón, que se decía) antes de culminar mi jugada, en absoluto especulativa, como hacen algunas estrellas del balompié y sus narradores de nuevo cuño, sino argumentativa y argumentada de un córner a otro.

Los 300 de Frank Miller

Los 300 de Frank Miller

Saco de esquina con un tiro ajustado al travesaño de la portería y que espero no me estropee ninguna cabeza privilegiada que se ponga por delante para llevarse la gloria del remate. Ahí va el zambombazo: ¡no puedo más con tanto escritor o escribidor recién «salido del armario» que se ha puesto a darle al cuero de la crónica futbolera porque ya puede gritar desde la grada que le gusta el «fúrbo» sin miedo a que le tachen de hombre echado a perder por la vulgaridad dominguera! ¡Que acabe pronto este mundial donde las plumas más «ilustres» se han calzado el pantalón corto para recordar que su infancia, al estilo machadiano, fue la de tardes de sol y patios trillados a balonazos contra las ventanas del vecino del bajo A! ¡Que se acabe pronto esta moda de tocar la lira con los abdominales de Ronaldo! Lo he soltado, de puntera. No es una chilena sino un tiro libre directo. Hubo un entrenador que cual filósofo sentenció aquello de «el fútbol es fútbol». De hecho, tenía nombre de intelectual o poeta depurado por el estalinismo en un gulag siberiano: Vujadin Boskov. Cuánta razón tenía el sabio balompédico que entrenó a un equipo peninsular cuando el fútbol era de y para destripaterrones. Rascándose la coronilla en algún banquillo, optó por no quedarse más calvo de pensar absurdeces que comparan el tiro a puerta y el contragolpe con las Lecciones de la Academia y dio con el minimalismo más redondo que uno pueda imaginar; «fútbol es fútbol». No le den más vueltas al esférico, señores, ni insistan en que Platón se reencarnó en cualquiera de los jugadores que se mueven entre líneas elípticas y elipsis.

Zinedine Zidane

Zinedine Zidane

He aquí el centro del campo en el que yo quería colocar la pelota reglamentaria para dar otro juego. Viene a ser lo mismo que un día me comentó Hughes (narrador de este medio de lo futbolístico y extrafutbolístico) sobre lo tedioso que puede resultar el 90 por ciento de los partidos que se patea con su ordenador en el lomo: cuando el aburrimiento te asalta la retina y te bloquea el teclado, hasta uno se detiene en detallar cómo se marcan los pezones de Ronaldo en la camiseta para sorpresa de lectores propios y extraños en estas lides; uno se fija en todo y más para destilar alguna prosa decente o indecente. Porque el fútbol es fútbol y la literatura, literatura. El fútbol da para lo que da y la literatura, para hacer del esférico y las torneadas piernas que lo mueven un ejercicio de estilo. No obstante, sabemos que si al estilo se le pasan las vueltas no hay gol que salga. Un jugador se atraganta de balón y un lector se atraganta de tantas comparativas intelectualizadas. «El fútbol es fútbol», dijo Boskov, el disidente, y Santiago Roncangliolo, en una entrevista en este suplemento, que lo que de verdad resultaría interesante es narrar el drama que se vive en el vestuario de un Barça en decadencia (valga el ejemplo para la selección española). Puro Mérida, con Hamlet y Edipo en escena. Douglas Gordon y Philippe Parreno (dos artistas contemporános) grabaron un vídeo con Zidane de protagonista. La belleza e inteligencia del juego escénico -un ballet, dirían los cursis- no tienen excusa. «Fútbol es fútbol» y el gol se canta una vez para no desafinar.

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Cuando, y cada vez más, la cultura es espectáculo y el espectáculo es una cultura se hace más necesario leer entre líneas lo que la cultura se trae en manos. Más sobre «Entre líneas»

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