Roma, Lucas Cranach y los controladores aéreos

Publicado por el Dec 6, 2010

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Con estas tres palabras en el título ya se pueden imaginar de que van estas líneas y que me ha podido pasar en estos días. Todo se resume en atrapada por la tiranía de los controladores aéreos en Roma mientras paso mis horas de espera contemplando la exposición de Lucas Cranach que ha montado Villa Borghese. Y ustedes me dirán: ¿De qué te quejas? 

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De nada, es obvio. Soy una afortunada en medio del infortunio ¿Cómo me voy a quejar si el desmadre aéreo para la inmensa mayoría se ha traducido en una pesadilla mientras yo me dedicaba a ahogar mis penas, y la espera, entre el magisterio de Lucas Cranach El Viejo? Es lo que tiene Roma. Aunque me hubiera quedado tirada en plena calle… A la vuelta de cada esquina siempre hay un refugio para el consuelo confundida mi mente y mi mirada en los padecimientos, en la borrachera de belleza a la que Stendhal puso nombre en sus correrías por Florencia. Sin duda, mucho más llevadero que el mal de los controladores a quienes yo les mandaría a pasar el resto de sus días a una de esas parábolas infernales retratadas por el maestro del Renacimiento alemán. Pero no para que fueran rodeados por una de sus extrañas ninfas o Venus de piel nacarada, sino para que directamente fueran mordidos en el trasero por uno de sus también extraños perros o animales fantásticos, cuyas fauces están bañadas en las babas de la rabia y de la ira más irracional. Como irracionales han sido ellos.

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En Villa Borghese había colas para entrar en sus salas pero, ni que decir tiene, que hay colas y colas. Las salas de Villa Borghese estaban atestadas de gente, de turistas, pero, ni que decir tiene, que hay multitudes y multitudes. Es el puente de la Inmaculada (cinco días con sus cinco noches) y en las salas de Villa Borghese no se oye ni se ve a un español. Unos cuantos somos la excepción. Aquellos que salieron antes de… o que no pudimos volver por… Lucas Cranach nos ayuda a imaginar pesadillas, las peores, aunque ninguna como la que han pasado quienes se han visto atrapados en el sinsentido, en la arrogancia, en la irresponsabilidad, en el capricho, en la insensatez de unos niñatos que dicen ser profesionales. ¿Cómo? Que me lo repitan , por favor. ¿Profesionales de qué: de la inmadurez, de la irresponsabilidad, de la insensatez, de la arrogancia…?
Perdón: regreso a Lucas Cranach y a Villa Borghese, pero es que me enciendo visto lo que estamos viendo y eso que, como ya les he contado, yo he sido una afortunada en mitad del infortunio.
En los jardines de Villa Borghese llueve y en sus salas conviven los cuadros de Lucas Cranach, luminosamente restaurados, con los maravillosos fondos de esta casa: Tiziano, Rafael, Caravaggio, Pinturicchio… con las retorcidas esculturas de Bernini. Se superponen los unos a los otros, tal y como se colgaban los cuadros en los gabinetes de época. Yo me quedaría aquí colgada en el tiempo y en el espacio sin necesidad de que me rescate el ejército y me haga volver a casa. Después de Villa Borghese me voy a la casa-museo de Mario Praz. No sé si tanta melancolía será buena. ¿Qué será de mi cuando vuelva a España y me encuentre con tanta tensión y mal rollo en el ambiente?

 

 

 

 

 

 

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