¿Qué fue de Christiane F?

¿Qué fue de Christiane F?

Publicado por el Jan 23, 2015

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Eso mismo me pregunto yo desde que hace unos días llegó a mis manos el libro “Yo, Christiane F. Mi segunda vida“, editado por Alpha Decay, con la pluma de la periodista Sonja Vukovic de por medio. Christiane, que en España se conoció por Cristina, no ha muerto sino que ha sobrevivido. Christiane F, para quienes tenemos una mediada edad (ni muchos ni pocos años, los justitos), supuso todo un “hit” en nuestra juventud. La historia de una adolescente (casi niña) que cae en el infierno de las drogas en Berlín. De aquella mala vida, nació un libro (“Yo, Christiane F”) y de ahí, una película que batió récords. En su Alemania natal, de lectura y visionado recomendado hasta en los colegios. En España, también, no hubo escuela donde no se proyectara la cinta como vía disuasoria ante la tentativa de las drogas.

Christiane F cuando era una adolescente

Christiane F. cuando era una adolescente

Basta con leer el título del primer capítulo (“Una vida de mierda”) de esta segunda vida y las primeras líneas del mismo para certificar que no hubo segunda vida y las segundas oportunidades para remontar el vuelo y no tropezar dos veces en la misma piedra se fueron al traste. Una vida de mierda o una mierda de vida. Tanto monta, monta tanto: “Fibrosis. A los cincuenta y un años me encuentro en el estadio previo a la cirrosis. Desde 1989, mi hígado está inflamado de forma permanente. Tengo hepatitis C. La cepa más agresiva que se puede contraer en Europa. Sudo sin parar, incluso a diez bajo cero. Y en verano no puedo llevar manga corta por culpa de unos espantosos granitos rojos que me salen en los antebrazos. Lo llaman angioma estelar. Por no hablar de la boca pastosa y el estreñimiento. A veces me paso varios días sin ir al baño. O bien vomito toda la noche porque algo en el metabolismo se me inflama -el estómago, la vesícula, los intestinos- y ya no tolero los antiobióticos. Además, desde hace un par de años, se me abulta la tripa por la hinchazón del hígado y la retención de líquidos. Esto no es vida”. Desde luego que no, y esto lo reafirmo yo, fuera de las comillas.

David Bowie en la banda sonora de la película Christiane F

David Bowie en la banda sonora de la película Christiane F.

He aquí las cicatrices del cuerpo. No imagino las del alma que casi se le deben olvidar o deben pasar a un segundo plano cuando uno solo piensa en qué le dolerá mañana. El dolor concentra todos los pensamientos. No hay pensamientos más allá del dolor. Christiane F. entra en las drogas con apenas doce años. La heroína esnifada durante un concierto de David Bowie para huir de una vida ya de mierda en un barrio berlinés deprimente hasta la nausea. Ella se cree una heroína, un personaje en la cresta de la ola. Después del primer éxtasis (estado de) o no sentir nada más que placer, abandono. Novios drogatas, prostitución para pagar lo propio y lo ajeno… Así, año tras año. Un intento de desintoxicación. Frustrado. Un hijo, cuya custodia termina perdiendo. Una vida que empieza siendo una mierda y en la que, todavía hoy sigue nadando. Imposible mantenerse a flote.

El tenista André Agassi

El tenista André Agassi

Los testimonios reales de personajes bien reales es un filón que las editoriales saben explotar bien. El caso reciente de la biografía autorizada del tenista André Agassi, también puesta en orden por un periodista, es un buen ejemplo. El de Agassi es un caso de sufrimiento y de superación al final del camino. Tan intensa y dolorosa (en el sentido físico y psíquico del término) es su vida como deportista que ha enganchado a muchísimos lectores. Ha sido superventas en medio mundo. En el de Christiane F., no hay luz al final del túnel. La línea del horizonte es negra, por eso esta segunda parte de la vida de Christiane cae como una losa por su veracidad. Segundas partes nunca fueron buenas, y puede que malísimas. No me refiero al libro, su valor testimonial, contado como uno de esos reportajes en primera persona que te agarran en horario “prime time” y no lo sueltas hasta que llegas a la última línea del drama. Las segundas partes son malas porque la segunda oportunidad para Christiane se esfuma entre las páginas de este libro. Y todo acaba como empieza: “Cuando llegue mi hora, llegará y punto. Un día el hígado dejará de funcionar, no me depurará la sangre y me intoxicaré. Y moriré”.

 

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