“Perdidos”, adiós. For ever

Publicado por el May 23, 2010

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Debo ser una extraña seguidora de “Perdidos”. No me enganché desde el primer capítulo. Ni he seguido temporada tras temporada según se iban estrenando en la televisión, ni me las bajé de internet ni nada que se parezca a hacer un esfuerzo extra, cual mitómana al uso. Para llegar a tiempo a la sexta, y última, me tragué de sopetón, y en cómodas dosis diarias, las cinco anteriores. Llegué a sentir el aliento más directo del “friquismo” planetario por “Lost” cuando me pasé un sábado y domingo entero sentada en el sofá de casa visionando un capítulos tras otro. Era tal el atracón que ya no sabía si la nube de polvo negro, esa que va y viene por la trama sin ton ni son, iba a traspasar la pantalla y me zarandearía por los pelos hasta estrellarme contra la alfombra. Un desaparecido más. Así de sopetón, cambié el creerme la espectadora más lista del mundo por ser la más tonta. Y en fracciones de segundo. “Perdidos” ha jugado al despiste en todo momento. Fue el jarro de agua fría que me eché por la cabeza para despertar del estado narcótico que generaba tanta sinrazón a la que poner una lógica.
¡Vaya novedad!, dirán sus más fervientes adeptos. Ahora me explico. Todo se parece a la euforia que uno siente cuando está jugando con un cubo de Rubik. Dale que te pego a mover sus caras. Cuando el jugador está a punto de cuadrar la cuadratura del famoso cubo y, por ende, imagina que es un ser de inteligencia suprema. “¡He dado con la clave!”, exclama una voz interior. “Necio -le contradice esa otra voz interior que todos llevamos dentro-. No te has dado cuenta de que te están tomando el pelo”. Finalmente, aquello no casa y se nos ha colado una casilla amarilla en mitad del plano rojo. Eso si no ha sido mayor el desajuste cromático. Ya podrán suponer que todo este discurso concluye en que “Perdidos” nos ha estado tomando el pelo a unos y otros, pero con una maestría envidiable. Haber caído hipnotizados por la serie no nos desmerece en ningún momento y en ningún sentido. Seguimos siendo listos a más no poder ya que estamos plenamente seguros de que nunca cuadrarán todas las caras y todos los colores del cubo. Resulta imposible. Ya ni lo esperamos. Son tantos los flecos que quedan pendientes, tantos los acertijos por resolver que no hay solución posible a este enigma, cuyas variables, como en un problema matemático, se reproducen hasta el infinito y más allá. Llenan y llenan pizarras con sus formulaciones. Es más, ¿hay alquien, a estas alturas de la argucia, que sea capaz de enumerar todos los frentes abiertos en la enrevesada trama? ¿hay alguien que se acuerde de todos los enigmas pendientes? ¿hay alguien que recuerde que pasó en el capítulo cuarto de la temporada segunda cuando…? Ya se nos descolocó una de las caras de cubo y nosotros sin darnos cuenta. Pero, les aseguro, a mí me da exactamente igual.

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