Louise Bourgeois mujer casa

Louise Bourgeois mujer casa

Publicado por el Mar 15, 2016

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El Museo Guggenheim de Bilbao abre sus puertas a Louise Bourgeois. Sus arañas entran en el edificio de Gehry para habitar su frialdad escénica. El Guggenheim será la casa de la Bourgeois. Jean Frémon, quien organizara la primera exposición de la artista en Europa en 1985, publicó en 2010 (Editorial Elba) un breve ensayo sobre ella y su obra bajo el título de “Louise Bourgeois mujer casa”. Me he atrevido a “robarle” su título, que a su vez procede de una serie de la propia escultora, y sus pensamientos. He aquí algunas de las anotaciones de Frémon para moldear el cuerpo y el alma de una de las grandes artistas del siglo XX. Esclaredecoras, certeras, una ventana abierta a la casa de Louise Bourgeois que leídas en este pequeño libros (casi desaparecido) adquiren plena forma, y fondo. Louise Bourgeois en manos de Frémon es mucho más que un libro abierto.

Cuando a Louise Bourgeois se le mete una idea en la cabeza, no piensa en otra cosa

Como siempre, en la obra de Louise Bourgeois, las imágenes fuertes resultan ambiguas y contradictorias. ¿La mujer está prisionera de la casa que la envuelve, y lucha por salir? O, al contrario, ¿se está refugiando en un remanso de paz y de protección?

Una de las Celdas de L. Bourgeois

Una de las Celdas de L. Bourgeois

 

“Body and soul”. Frágil o estable, vacía o llena, la casa es cuerpo y alma. Alberga una historia, una historia se aloja en ella. Ser a la vez cuerpo y alma es también el objetivo de la escultura; si no lo consigue, tiene menos sentido que un potro de gimnasia

Ella se enfada: “Usted no ha entendido nada de nada, no puede ser sólo más o menos exacto, debe ser totalmente exacto”

Casas, madrigueras, nidos, celdas, son numerosas las celdas de Louise Bourgeois que tienen un exterior y un interior, una parte claramente visible y otra parte más secreta. Toda gran obra es producto de un deseo irreprimible de decir o de enseñar y de un deseo igualmente irreprimible de callar o de esconder

“Exteriorización del deseo de retorcer”, dice Louise  Bourgeois, búsqueda de un centro imposble de encontrar, desesperada tentativa de fuga, persecución de un equilibrio que se alcanza y se pierde a causa del movimiento mismo

Es curioso que Louise Bourgeois, que, por otra parte, no escatima comentarios sobre su trabajo, siempre se haya negado con firmeza a dar explicaciones sobre las connotaciones sexuales de sus obras. Las niega, finge no verlas, deja toda la responsabilidad al que las manifiesta

Reatrto de L. Bourgeois por Mapplethorpe

Retrato de L. Bourgeois por Mapplethorpe

 

Louise Bourgeois cuenta que su padre hacía un juego con sus hijos que consistía en dibujar la silueta de una mujer sober la piel de una naranja. Dibujaban la cabeza, los hombros, los brazos, los senos, las caderas, las piernas. Se tenía que hacer coincidir, sin decirlo, el pubis con el pedúnculo. Después, con el cuchillo, el padre recortaba la piel y la despegaba con suavidad, cuidando de no romperla. Mientras hacía eso, decía: “¿Pero quién es? ¿Es Louise o es Louison? En el momento en que la piel se despegaba de la pulpa, el eje blanco de la naranja salía con la piel y, debido a su emplazamiento, formaba un falo que transformaba a la mujer en hombre

 

La artista dando nueva forma a una mandarina

 

A Louise Bourgeois le gusta Francis Bacon. En septiembre de 1999… En las obras de los últimos años, la influencia de Bacon sobre las esculturas de Louise Bourgeois se percibe con mucha claridad…

El Papa Inocencio X de Francis Bacon

El Papa Inocencio X de Francis Bacon

 

El grito de Munch, el grito del personaje de Eisenstein sobre los peldaños de Odesam, el grito chirriante del Papa de Bacon con las manos aferradas a los brazos del sillón, el grito de pavor de algunas de las últimas cabezas de Louise Bourgeois, encerradas en jaulas de cristal o alambre

Escultura de Louise Bourgeois

Escultura de Louise Bourgeois

 

El rojo, un color habitual en Louise Bourgeois. Un color que la emociona y la turba hasta el punto de escribir esta letanía en su diario: “El rojo es el color de la sangre, el rojo es el color del dolor, el rojo es el color de la violencia, el rojo es el color del peligro, el rojo es el color de la vergüenza, el rojo es el color de los celos, el rojo es el color de los reproches, el rojo es el color del resentimiento”

Louise Bourgeois escribe, piensa por escrito, reacciona por escrito, a las tensiones, a los conflictos, a los deseos, reprimidos o satisfechos

Es una coincidencia que una homónima suya fuese una famosa comadrona. Se trata de Louise Bourgeois, alumna de Ambroise Paré quie asistió al parto de Maria de Medicis, en 1606, madre del futuro Luis XIII

"Mujer casa", escultura del año 1994

“Mujer casa”, escultura del año 1994

 

Una escultura no sólo se mira. El espacio que ocupa, su densidad, su transparencia o su opacidad, sus proporciones, la forma que tiene de elevarse, o extenderse, o estar suspendida imponen una relación física con el observador. Louise Bourgeoise lo sabe mejor que nadie… En eso consiste su trabajo, no tanto en hacer una escultura como en establecer una relación con el que la mira en la que, por decirlo de algún modo, ella mueve los hilos

 

 

 

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