Lecturas a pedales

Publicado por el Jul 16, 2010

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Tim Krabbé, autor de No crean, sigue habiendo sorpresas en el panorama editorial, en los libros que venden a pesar de no contar con más ayuda que ellos mismos y sus propias virtudes. Me llega un mensaje de que “El ciclista”, de Tim Krabbé (Los libros del lince), está a punto de sacar a la calle su tercera edición. Luego, no va mal: lo apoya el público y la crítica. No lo había leído. Tenía el ejemplar encima de la mesa de trabajo, junto a otros tantos que llegan todas las semanas, porque ya le había echado el ojo hace meses, lo que ocurre es que una no tiene tiempo para leer todo cuanto llega (ya quisiera). Sin embargo, este mensaje de advertencia ha hecho que me ponga a ello, a leerlo. Tampoco son demasiadas páginas: 150. ¿Merece la pena? Por supuesto. Narra las hazañas del propio autor del libro, Tim Krabbé, ciclista aficionado, en sus ascensiones al Mont Ventoux. Es fácil adivinar que hablamos de un ejercicio de superación. Recuerda un poco al último título de Murakami publicado en España, “De que hablamos cuando hablo de correr”. Dos trabajos de ejercitación, a través de dos deportes no muy diferentes (esfuerzo en soledad, ante todo) como son la maratón (Murakami) y el ciclismo (Krabbé). No piensen solamente en el deporte y su mítica, y el ciclismo tiene bastante de este último ingrediente, según cuentan sus verdaderos aficionados, sino en un esfuerzo de musculación mental, de resistencia mucho más que de las piernas. Yo me atrevería a decir que ambos libros, tanto el de Murakami -del que, por cierto, ya hablé en este blog– como el de Krabbé tienen bastante de autoayuda, de esa filosofía que ahora tanto se estila, el fortalecimiento de uno mismo, aguante, para conseguir metas mayores.

Como la autoayuda tiene bastante mala prensa, aclaro que Murakami y Krabbé no se han lanzado a estos pantanosos terrenos, como los antaño vendedores de crecepelo, pero sí que sus libros, y su escritura y sus experiencias, consiguen estimular sobremanera nuestras neuronas, nuestro espíritu y nuestra envidia, sana, por personas con semejantes capacidades de superación. Escribe Krabbé, a mitad de “El ciclista”, que “aunque la tierra fuese lisa como una bola de billar, habría alpinistas: los auténticos alpinistas”. Después de leer a Krabbé, al igual que a Murakami, de lo que se tienen ganas es de ser como los auténticos alpinistas, pero no para escalar montañas subido a una bicicleta o corre que te corre (lo del ejercicio de verdad se lo dejamos a ellos). Quedémonos en la metáfora y superaremos la prueba.

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Cuando, y cada vez más, la cultura es espectáculo y el espectáculo es una cultura se hace más necesario leer entre líneas lo que la cultura se trae en manos. Más sobre «Entre líneas»

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