Jeff Koons (tinto) de verano

Jeff Koons (tinto) de verano

Publicado por el Jul 28, 2014

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 He aquí (bajo este mar de líneas o esta marea de ideas en sube y baja) unas gambas de Palamós. Buenísimas. A las que solo falta ponerles una «cañita» a su diestra para que se conviertan en la postal technicolor del verano español por antonomasia. El rumor nos trae a los oídos palabras de cuño callejero, paseo marítimo o terraza pegada al asfalto de cualquier barrio de cualquier ciudad (ojeri, perraca/o…), nada que tenga que ver con la Academia y sus academicismos. ¡Ay, si la Academia saliera más a la calle y le chupara la cabeza a las gambas y le diera a las cañas! Otro gallo populachero le cantara y otras glorias benditas sentaría en sus letrados sillones. No olvidemos que vivimos en tiempos populacheros, ya sea en literatura o en arte, o en el chancleteo constante. Saldría de su brillo y esplendor el antidiccionario o el diccionario poligonero para explicarnos que ojeri significa te vigilo bien vigilado (no con el ojo de cristal) y perraca/o ¡buena pieza estás hecho/a!, amén de otro significado recalentado en la pereza calentona. Siempre en versión femenina y masculina para que este diccionario “underground” no sea acusado, como el oficial, de sexista. Después de aspirar la sesera de este crustáceo y beberme la caña me he quedado bien servida -entre ojeri ojerosa y perraca- para pasar el verano en una inconsistencia inconsistente donde ya ni se siente ni padece. La extrema delgadez del nihilismo en las listas de los libros más vendidos, con un tal Rubius en la cúspide de mi decepción y de afección veraniega. Y a quisieran Rubius y sus pertrechadores guardar la misma chicha en su cerebro que una gamba cuya denominación de origen no tendría por qué tener el sello de Palamós o de Huelva en el lomo, congelada me valdría para extraerle mucho más sabor. Al albur de una vuelta de vacaciones plagada de incógnitas culturales, después de las gambitas frescas vienen las lentejas, que si quieres las tomas y si no, las dejas (en otro dicho popular), de un otoño parco en novedades literarias rubicundas como antaño. Las habas serán contadas y no adelanto más para que nos volvamos a ver y leer recién inaugurado septiembre con algún plato más caliente que frío para servirles en bandeja.

Gambas de Palamós

Gambas de Palamós

Si Jeff Koons, el artista del kitsch más disparatado y disparado en el supermarket de la esquina, metió hace unos veranos a sus langostas hinchables en el Palacio de Versalles -como colchonetas de playa en pugna con las arañas (lámparas) venecianas de los salones de baile-, ¿quién nos impide jugar un poco a ser artistas con el plato del aperitivo fresquito delante de nuestras narices? El aburrimiento da para estos prodigios y para mucho más. Las cañas hacen también su labor en la sombra veraniega. Con estas manitas, mis abalorios y un par de gambas me monto este corazón un poquito escorado. La creatividad “viene así de esa manera y uno no tiene la culpa…” Otro hit del verano, Julio Iglesias cantando el estribillo adjunto. No obstante, me agradaría epatarles con aquello de que el mismísimo Jeff Koons y sus avales han ilustrado este artículo, pero no conozco a Koons, ni siquiera me gusta, tan solo me divierte su descaro tramposo y envidio su bolsillo. No obstante, conozco quién se puede marcar un Jeff Koons de verano y no con gambas hinchables sino de chupar bien y mojar en cerveza o en tinto bueno, que no güeno aguado con gaseosa. Duchamp instaló en las estancias blancuzcas y mortecinas de los museos un urinario, Warhol latas, Manzoni las rellenó de merde y yo abro las puertas de mi corazón que bombea escepticismo a este montaje-performance-instalación de gambas de y para tomar. Ojeri, perracas/os que Koons expondrá el año que viene en la catedral del kistch artístico, el Guggenheim de Bilbao.

La familia Durrell al completo

La familia Durrell al completo

E n “Mi familia y otros animales” (una reciente recomendación lo ha refrescado en mi memoria) Gerald Durrell con su prosa entomológica diseccionó todo bicho viviente que pasaba por delante de su sagaz mirada y su fina pituitaria. Humano e inhumano, familiar a sus ojos y sentimientos o de anónimo anonimato. Él abría en canal con el bisturí más fino, capaz de extirpar el apéndice del crustáceo y envasarlo al vacío. Incluso, sonsacar el veneno de un escorpión y fabricar un antídoto casero, aprendido de los lugareños, pero infalible. Si Durrell volviera de entre los muertos para ejercitar una cierta entomología cultural no le temblaría ni la mano ni la palabra. A las gambas de Koons las desinflaría sin mayores esfuerzos. Las otras, las de Palamós, Huelva o similares, las compartiría en algún festín cultural-hedonista-culinario. ¡Va por Durrell, el verano, el aburrimiento!

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Cuando, y cada vez más, la cultura es espectáculo y el espectáculo es una cultura se hace más necesario leer entre líneas lo que la cultura se trae en manos. Más sobre «Entre líneas»

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