Houellebecq y los verdaderos amigos y enemigos de la cultura

Houellebecq y los verdaderos amigos y enemigos de la cultura

Publicado por el May 1, 2015

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Los Congresos, que no el Congreso, dan para una novela de tipos y costumbres. ¡Y vaya tipos y vaya costumbres! Aunque ahora que reflexiono, el Congreso, este que nos representa, también da mucho juego de tronos, y de troníos, a tenor de la serialización de la política. Si me leen con una cierta asiduidad, sabrán de mi apego a los prismáticos para observalo todo de cerca, hasta el grano que le pueda haber salido a alguno en la nariz, y tal vez por infeliz. Asistí hace unos días al I Congreso de Periodismo Cultural en el Palacio de La Magdalena de Santander, bajo los auspicios del Ayuntamiento, la Fundación Botín y la Fundación Santillana. Antes de que vayan cayendo las líneas, doy las gracias por la invitación. Estaba todo el mundo que tenía que estar, menos los que no estaban. Los Congresos son como las parrandas donde se junta mucha gente de aquí y de allá y al final cada cual tira para casa con su cogorza particular rondando por la sesera. La depresión se paseó por la mía. Que el periodismo, en su versión prensa, no atraviesa su mejor momento, lo sabemos de buena tinta impresa. Que el periodismo cultural lleva por montera dos crisis -la de la cultura y sus goteras y la del periodismo en general-, también lo sufrimos. Claro que repetirlo una y otra vez según desfilamos por el estrado, maldita la gracia. No llena mucho la botella para borracheras futuras. En un tris estuve de tirarme acantilado abajo en El Sardinero y estamparme contra la Playa del Camello y la roca que le da nombre para que algún surfista me rescatase. En busca de un final feliz de reality show.

El autor francés Michel Houellebecq

El autor francés Michel Houellebecq

Perdonadme, compañeros o colegas, pero los más jóvenes que suelen acudir a estos auditorios (y pagan) con las ilusiones en el tuiteo sin fin no merecen que les machaquemos con la última maldición de Nostradamus y el fin de nuestro mundo a la vuelta de unos cuantos años. Hubo quien lo cifró en quince, según un informe de una marca de fotocopiadoras. ¿Sabrán las fotocopiadoresa sobre el futuro del papel que escupen desde sus entrañas? Yo, que soy una optimista terrenal, me lo tomo como que tengo quince años más para hacer amigos y enemigos. Lo declaro sin rubor porque he aquí otro de los asuntos que salió cual disparo de ballesta bipolar: ¿Se puede escribir de alguien si es amigo? Se mentó la bicha de los favores o del cariño sin medida, como si alguien estuviera libre de pecado y pudiera tirar la flecha envenenada al entrecejo. Apuntillo desde estas líneas, allí se me pasó el turno: ¿Se puede escribir de alguien si es enemigo? Parece que dar caña te reviste de mayor libertad e independencia, y esparcir unte, lo contrario. Mi respuesta a ambas preguntas tiene que ver con lo que dicta el sentido común. Como el sentido común es el menos común de los sentidos, nada que alegar. Allá cada cual con su conciencia. Pero si hay algo que me dejó pegada al suelo y tronchada de una risa irónica que al fin me dio vidilla, fue el comentario off de record de otro de mis colegas. Confesó que de quien hay que cuidarse es de los «amigos de mis amigos». Ya saben: Tengo un amigo que ha escrito un libro, otro que pinta…  ¡Estamos rodeados! Los amigos de mis amigos son… implacables. Entre el amor y el odio, separados por el filo de una navaja.

El ensayista Tony Judt

El ensayista Tony Judt

Para despejar las dudas sobre estos bailes de salón periodístico con cruces de manos y de piernas, tengo dos libros sobre la mesa. Uno de David Remnick, el director del New Yorker, que recoge sus mejores artículos. No les cuento. Lo leen y así se enteran de qué va todo esto. El segundo es otra recopilación de reseñas publicadas en prensa por Tony Judt, alguien capaz de criticar los trabajos de admirados friends en un intercambio de altísimo voltaje intelectual. ¿Dónde reside el problema, amigos? Lo hay, y gordo, en lo que deducimos de la convocatoria para la presentación a prensa del polémico libro de Houellebecq, Sumisión. Copio: «Por motivos de seguridad rogamos confirmen telefónicamente o por correo electrónico su asistencia y mantengan la máxima discreción posible». Otro escritor bajo el peso de la fetua. He aquí un debate sobre periodismo (cultural) y los verdaderos amigos y enemigos.

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Cuando, y cada vez más, la cultura es espectáculo y el espectáculo es una cultura se hace más necesario leer entre líneas lo que la cultura se trae en manos. Más sobre «Entre líneas»

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