Frida Kahlo, de tal palo tal astilla

Publicado por el Jul 6, 2010

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Guillermo Kahlo y Matilde, los padres de FridaFrida Kahlo es un pozo sin fondo. Llega su cumpleaños y hasta Google utiliza una imagen suya como “señuelo” del día. Con esto, ya les digo todo. No obstante, siempre rondan novedades en torno a la vida de Frida Kahlo más allá del universo google o de la wikipedia. Muchas más que en torno a su obra. Desde luego, este es un caso claro de artista cuya mítica vital puede mucho más que la personalidad de su obra. Frida Kahlo es uno de esos iconos que nació en el siglo XX y que parece no tener fin. Hemos visto películas, hemos visto libros, mil una leyendas. A Madonna le hubiera gustado ser Frida Kahlo y quién sabe si a la tan aclamada Lady Gaga no le pone también la diosa de la cultura pop. Frida Kahlo levanta cualquier historia, amén de otras perversiones. Nadie pudo superar la tentación. Ni el duro y revolucionario Trostky, quien acabó de amante fugaz de su amiga mexicana a espaldas de su fiel y amada esposa, Natalia Sedova, y sin sentir el riesgo de que Diego Rivera, como cornudo furioso, le pudiera aplastar. Así lo contó Leonardo Padura en la fantástica novela que publicó el año pasado bajo el título de “El hombre que amaba a los perros”. Hacia Frida Kahlo yo siempre he sentido una extraña sensación de amor-odio. Amor, traducido como morbo hacia su personalidad vampírica, mantis religiosa a la que casi nada ni nadie se pudo resistir. Odio, traducido a que nunca me ha gustado su pintura y mucho menos desde que se convirtió en icono del éxito por el éxito: exposiciones reclamo en una ciudad de reclamo turístico universal.

Frida y Diego RiveraCon Frida Kahlo, como con otros mitos, me pasa aquello de que cuanto más me la intentan meter por los ojos, más urticaria me provoca. Como el “Bolero”, de Ravel, por poner otro dispar ejemplo, que de tanto machacarlo en conciertos de verano, otoño e invierno (incluso, de hilo musical, de fondo de espera, en los contestadores de las empresas o consultorios médicos), ni siento, ni padezco. También incluyo al “Yesterday” de los Beatles, para que se vea que el espectro de explotación indiscriminada puede matar a cualquier estrella de la cultura. Pero Frida Kahlo siempre tiene algún as en la manga de los que no aburren, ni te entra sueño. Es el libro, editado por RM, “Frida Kahlo: sus fotos” el que ahora nos muestra por primera su álbum privado de fotografías, más de 6.000, que se encontraban almacenadas en la Casa Azul. El libro es fantástico en su edición y repasa, de nuevo, la vida de la extraña Frida o Frieducha, como la llamaba su padre, y de toda su familia y amigos, intelectuales, políticos. Desde su madre, y sus orígenes autóctonos, hasta su padre, y sus orígenes alemanes. Todo ello se sabía, pero la amplia sucesión de fotos está para atestiguarlo de viva voz. Me reafirmo en que Frida gana en las distancias cortas, en esta secuencia congelada de imágenes más íntimas. Pero quien salta a la palestra con auténtico protagonismo es su padre, Guillermo Kahlo, fotógrafo de profesión en aquellos convulsos años de finales del siglo XIX y principios del XX y quien inculca el gusto fotográfico a su hija Fieducha. Hombre dado al autorretrato, en este volumen se reproducen una extensa muestra de los mismos. Tal y como él se vio, tal y como ahora le vemos: de menuda estatura, pelo negro e intenso, de mirada penetrante. De tal palo, tal astilla. Está claro.

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