¿En qué se parece Renoir a Belén Esteban?

Publicado por el Jan 7, 2011

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¿Qué tendrá que ver un museo con la televisión? Aparentemente nada, pero, llegados al punto de sumar espectadores, el espectáculo es el espectáculo. La pregunta siguiente resulta lógica: ¿en qué se parece Renoir a Belén Esteban? Y la respuesta, evidente: en que los dos están medidos por el patrón de las audiencias.

 

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Vuelvo por las rebajas, después de haberme pasado quince días con la copita de Navidad atragantada. Lo siento, pero no me pasaba el polvorón y no estaba para escribir, y escribir por escribir tampoco es plan. Digo bien lo de rebajas porque, aunque estemos con el año recién inaugurado, el tiempo no invita a muchos excesos; más bien a saldos. El primer saldo que nos zampamos todos los meses de enero es el del número o porcentaje de visitantes que han acudido a los museos. Nada me gustan estos balances: parece que estemos ante el “prime-time” y el “share” de las cadenas de televisión. A la pregunta que encabeza este “post” me remito.

 

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Señalan las estadísticas que el Reina Sofía ha subido, al igual que el Thyssen, y que el Prado, pese al bombazo de Renoir, ha bajado. Genial, casi todos contentos. Para el Reina Sofía es una coartada perfecta el que reciba tanto público, así no tendrá la obligación de responder a la incómoda pregunta que siempre le reprochan: ¿por qué programa exposiciones “tan raras”, de artistas que nadie conoce? Podrá esquivar las acusaciones por eruditos o exquisitos. Con colas y salas llenas, todo es posible hasta la experimentación más experimental. Por supuesto, ya se sabe que lo que atrae son el “Guernica” y la colección, pero bien está lo de una de cal y otra de arena y que cada cual se reboce donde más le apetezca.

Para el Thyssen el balón de oxígeno ha sido también bueno de verdad. ¿Habrá sido Testino quien ha pegado el subidón? Imagino que sí. Para eso se hizo su muestra. Para llenar: las arcas del patrocinio y las salas. Jugada perfecta, tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Ya se sabía de qué iba esta “expo” y que se buscaba una rentabilidad segura y rápida. Que el Museo del Prado baje ya es otra cosa. Imagino que no están acostumbrados para tamaña decepción. Cuando se está arriba caer unos peldaños no hace gracia alguna, pero no todas las temporadas se puede tener un Sorolla que arrasa en las lista de los más vistos, como ocurrió en 2009. Más allá de esta pequeña humillación, el Prado no debe sufrir ni un poquito, ya que Renoir y sus mega colas a la entrada han animado el final de la temporada y este comienzo de año. La audiencia del Prado o su “share” -para seguir con las comparaciones televisivas que, sin duda, nunca han sido más odiosas- está más que asegurada. Repito la pregunta: ¿en qué se parecen Renoir y Belén Esteban? 

Todo esto por lo que respecta a Madrid. Luego, me llega por email, como noticia destacada, que el Museo Picasso de Málaga ha incrementado un diez por ciento el número de visitas. Olé por ellos, porque esto les protegerá bien acolchados ante la competencia de la “sucursal” del Museo Thyssen que allí recalará próximamente. No me gustan estos balances de rentabilidad según el número de visitantes, pero está claro que si resultan favorables te puedes fabricar con ellos un buen chaleco antibalas frente a las inclemencias de un año que se espera duro de verdad. De rebajas y saldos, ya les digo. 

 

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