El día que mataron a Vargas Llosa…

El día que mataron a Vargas Llosa…

Publicado por el may 3, 2016

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… y el asesino fue una vez más Twitter. Con esta noticia hemos amanecido. No es la primera vez -ni será la última- en que la red social de los 140 caracteres se liquida a alguien de sonoro nombre y rotunda presencia. Ahora le tocó a Vargas Llosa porque su riesgo mediático es alto. Si hubiera una escala de Richter al respecto, la aguja marcaría una línea cardiaca de máximo riesgo. De infarto, diría yo. Y llegó el día en que un bromista -de estos de nuevo cuño tutitero- creó un perfil falso de su editorial (Alfaguara) y lanzó el bulo. El bromista tiene nombre y apellido: Tommaso Debenedetti, un señor que se hace llamar periodista (o así nos gusta llamarle -no sé muy bien por qué- desde los medios de comunicación) aunque en su haber profesional lo que figura son bulos cuyo mérito es haberlos hecho pasar por ciertos. Entrevistas falsas, por ejemplo, al Dalai Lama. Con Vargas Llosa tiene una especial obsesión pues le ha casado con Isabel Preysler sin que estos hayan pasado por la Iglesia o aledaños. Con los Premios Nobel también tiene una fijación maníaca: lanzó la crónica de la muerte anunciada de García Márquez.

Retrato del peridista italiano Tommaso Debenedetti

Retrato del periodista italiano Tommaso Debenedetti

 

Bromas aparte, lo que me preocupa es el resorte en el culo con el que saltan algunos profesionales de los medios para dar por válido lo que, al menos, debería tener un mínimo de confirmación. El número de retuit de la noticia falsa ha debido ser infinito, tanto o más que el de los comentarios a posteriori. Rizando el sonoro rizo de la guasa. Hoy, está claro, que el buen periodista no es aquel que corre más para ser el primero sino el que mantiene la calma ante anuncios como este o similares. Saber el manejo de los nuevos tiempos periodísticos debería ser un valor en alza. Pero, ¿cuán difícil es mantener ahora la calma? El periodismo ya no se mide por la sensatez sino por el descerebramiento generalizado. Mantener la cabeza fría y el corazón caliente, no es lo mismo que tener la cabeza caliente y el corazón frío. Ser los primeros en “colgar” una mentira (o una broma macabra) tiene el mérito del ridículo. Una carcajada más estruendosa si cabe. En este requiebro quiero pensar que juega Tommaso Debenedetti cuando nos toma el pelo a todos. Eso dice él para avalar sus travesuras de niño malo. Poner en evidencia que al periodismo, a los medios, tal y como están ahora gestionados, se les puede colar un gol sin ser siquiera un delantero centro. Más de una y de dos cabeceras de muy distintas catadura han sido derrotadas por un “golazo” del tamaño de esta mentira más propia del realismo macabro que del realismo mágico en cuyas proximidades si movió la literatura de Vargas Llosa hace muchos años.

García Marquez también fue "matado" por Twitter antes de tiempo

García Marquez también fue “matado” por Twitter antes de tiempo

 

También digo que si fuera Vargas Llosa (u otro muerto en las batallas de Twitter) no sé qué me habría enfadado más que me hubieran matado, me hubieran dado por difunto, o la rapidez con la que los dedos que viajan por Twitter se acercan a ese icono (un corazón, para mayor sarcasmo) que significa me gusta mientras el “cadáver” todavía está bien calentito. Siempre me lo pregunto: ¿te gusta que haya muerto alguien? ¿la gente confunde el me gusta con el lo siento? ¿Qué necesidad hay de ser el muerto en el entierro? No sé.

Mientras tanto a esperar a que aparezca otro muerto que, en realidad estaba muy vivo.

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