El cuadro fallido de Antonio López

El cuadro fallido de Antonio López

Publicado por el Dec 19, 2014

Compartir

Imagínense ustedes a Goya diciéndole a Carlos IV, entre posado y posado más tieso que una vela y sin pestañear, que iba a tardar veinte años en concluir el retrato de la Familia Real y que el pecunio al respecto iba a ser de unos cuantos miles de reales (la moneda de aquella época), y, además, el cobro debía ser por adelantado. Quien dice Goya, dice Velázquez y Felipe IV y su larga prole de Meninas en el encuadre. Y quien dice Velázquez, dice Holbein y Enrique VIII como «musa» real: la cabeza del pintor hubiera rodado por los escalones de la Torre de Londres. Ni siquiera se hubieran molestado en limpiar ese hilillo de sangre tan gore que dejan las decapitaciones en el mosaico de la Historia. Asunto zanjado: aquí paz y, después, gloria. Veinte años y alrededor de 50 millones de pesetas por anticipado. El arte contemporáneo se mide por cifras, por cuota de mercado, y estas son las que resumen el Retrato de la Familia de Juan Carlos I de Antonio López. Sí, hablemos en pesetas, porque cuando Antonio López recibe el encargo de retratar a la Familia Real de entonces no existían los euros. Menos mal que Los Simpson, amarillos como los membrillos, ya se dibujaban en las pantallas de televisión globales. Antonio López hubiera sido otro si un cameo con Homer Simpson en plan estrella mediática le hubiera iluminado una mañana del mes de diciembre.

La familia de Juan Carlos I, de Antonio López

Retrato de la familia de Juan Carlos I, de Antonio López

Este cuadro ha nacido ya antiguo. No creo que necesite dar detalles. Suena a eco remoto, de catacumba, hablar en pesetas. Estamos obligados a hacer la conversión a euros: alrededor de 300.000. Y si dividimos, Antonio López ha recibido durante estas dos décadas 15.000 euros al año por esperar a que el rayo de sol de las 13:48 entre por la ventana en el preciso instante o el instante preciso (parafraseando a Cartier-Bresson), y al artista le pille trabajando (parafraseando a Picasso). Condiciones cuya combinatoria de probabilidades requiere un desarrollo de fórmulas matemáticas en la pizarra. Pero si hacemos la cuenta de la vieja, a Antonio López -como apunta mi compañero de «pupitre» en la redacción- le tocó el sueldo Nescafé (disculpen la publicidad expresa) el mismo día en que le cayó este trabajo entre sus manos. «Veinte años son nada cuando de un artista se trata», se escuchaba en los corrillos el día de la presentación del cuadro a la prensa esta misma semana. Si atendemos al sentido común y no a los corrillos: veinte años son una eternidad cuando de la vida misma se trata. Para muestra, el botón de la familia real que aparece en el cuadro. Veinte años son una eternidad cuando lo que el artista ha recibido es un encargo oficial. Veinte años no serían una eternidad si el pintor hubiera estado en su estudio trabajando el instante con sus luces y sombras para divertimento propio, pero este era por requerimiento ajeno y a los encargos se les pone fecha de entrega. Veinte años es más que una eternidad. No hay vuelta de hoja en el contrato.

 

La Familia de Carlos IV de Goya

La Familia de Carlos IV de Goya

Cuando al arte contemporáneo se le mide por el grado de tomadura de pelo -la balanza de si un trozo de papel arrugado y tirado en mitad de la sala de un museo vale su precio en oro si lleva la firma del Hirst de turno-, cabe la hipótesis de que tampoco sea admisible la larga espera. Tomarse las cosas con calma en busca de una perfección inexistente, por mucho que esta sea la seña de identidad del artista. Todo se resume en un problema de exceso o de defecto. La performance de Antonio López encerrado en una de las salas del Palacio Real de Madrid que le cedieron para concluir de una vez por todas el Retrato de la Familia de Juan Carlos I tampoco tiene precio. Ni en pesetas ni en euros. Se me ocurre otra performance sobre la marcha -un work in progress, que se diría en al argot del mundo del papel arrugado-: que el cuadro se hubiera expuesto tiempo ha y que Antonio López lo hubiera ido rematando a la vista de todos, que nadie se hubiese perdido ese instante tan pictórico como fotográfico del rayo de luz de las 13:48 entrando por la rendija de una ventana. Así el retrato se hubiera convertido en un vídeo y el vídeo en digno representante del arte de nuestro tiempo. Pero esta historia nació vieja, se cuenta en pesetas y nos ha salido larga y cara.

Compartir

ABC.es

Entre líneas © DIARIO ABC, S.L. 2014

Cuando, y cada vez más, la cultura es espectáculo y el espectáculo es una cultura se hace más necesario leer entre líneas lo que la cultura se trae en manos. Más sobre «Entre líneas»

Etiquetas
Calendario de entradas
diciembre 2017
M T W T F S S
« Oct    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031