Doris Salcedo, un acertado Premio Velázquez

Publicado por el May 5, 2010

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Doris Salcedo, Premio Velázquez. Un gran acierto. Me entero de la noticia según estoy escribiendo un texto sobre las intervenciones que se han realizado en la Sala de Turbinas de la Tate Modern durante los diez años que el Museo está a punto de cumplir. Y ella ha estado entre las elegidas. Su obra fue la famosa grieta, “Shibboleth”, sobre la que llovieron muchas críticas (ya saben que las gentes del arte somos de mirar por encima del hombro y si nos lo ponen fácil y efectista pues quitamos valor al proyecto y a su creador). Como la grieta “Shibboleth” era eso, una grieta, parecía poca cosa como para estrujarse el cerebro en busca de teorías deconstructivas. A mí la grieta me gustó, y mucho, pero ya saben quienes me conocen bien que huyo de los intelectualismos y, más aún, de los impostados. Doris Salcedo no ha sido solo la grieta de la Tate. En la Bienal de Estambul, también del año 2003, construyó otra de sus potentes intervenciones. En esta ocasión, rellenó el espacio y el vacío de un solar de la ciudad turca con sillas desvencijadas (“Maniacal Chairs”). La imagen era tan potente como la de la grieta. Doris Salcedo no es una artista fácil, como no lo es ninguna de las grandes damas del arte contemporándeo: desde Mona Hatoum a Marina Abramovic. Aunque vayan de cercanas, siempre sobrevuela sobre sus cabezas el halo del divismo. Hace unos años (y creo que ya lo conté en este blog) cené con ella y otros colegas de arte español en su casa de Bogotá. Su grieta “Shibboleth” estaba de pleno apogeo en la Tate. Nos contó como imaginó y montó el falso suelo sobre el que fue esculpiendo a mano la fractura que luego tan bien quedaba en las fotos. Aunque contaba y contaba, tampoco quería ser muy explícita. Le daba miedo ese carácter espectacular que rodeaba al evento. Pero, en el fondo, no había cosa que más le agradara que ser el centro de atención de medio mundo. Las contradcciones de los grandes creadores. De su nacionalidad colombiana, mejor ni hablar. No se lleva bien con su país y con su gente. Tal vez sea porque para ellos el padrecito del arte colombiano es un tal Botero. ¡Qué gran error! Pero la justicia llega con Premios como este Velázquez. Acertado como pocos.

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