Diez declaraciones íntimas sobre Salinger

Diez declaraciones íntimas sobre Salinger

Publicado por el Jan 27, 2014

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La mítica de Salinger encuentra respuesta a muchos de sus enigmas en la reciente publicación de su biografía, firmada por David Shields y Shane Salerno, y editada por Seix Barral. No se trata de una biografía al uso, con un desarrollo argumental, sino que está integrada por una sucesión de declaraciones de aquellas personas y personajes de toda clase y condición que pasaron por su existencia y por buena parte de sus asuntos. Esta serie de testigos, presentes u oyentes, en todos los vericuentos de su vida más conocida y de aquella que se da a conocer a través estos testimonios, resultan de desigual factura y credibilidad. No obstante, ahí estuvieron para contarla y la cuentan con pelos y señales. Para mi gusto el libro es excesivamente voluminoso, prolijo en palabras, aunque ideal para saltar por su lectura de párrafo a párrafo. He aquí, diez declaraciones extractadas del libro que se adentran, en diez puntos calientes de y sobre J. D. Salinger (Jerry para los amigos). 

Alex Kershaw. “En calidad de miembro del contraespionaje, Salinger gozó de mucha libertad y flexibilidad. En cierta manera, para él fue una guerra más intelectual y de investigación que para el recluta medio”

Leila Hadley Luce: “Al principio Jerry se sentía muy patriota, creía que estaba haciendo el bien en el mundo. Me acuerdo de que me contó lo extraordinario que era sentir que formaba parte de algo bueno. Pero cuando vio a gente herida o muerta, cuando presenció la muerte y la mutilación, se trastornó muchísimo. Y a partir de entonces ya no quiso tener nada que ver con la guerra”.

Salinger como soldado

Salinger como soldado

Amigo de la infancia: “Quería hacer cosas que se salieran de lo convencional. Se pasaba horas sin que nadie de la familia supiera dónde estaba ni que estaba haciendo. Se limitaba a aparecer a las horas de las comidas. Era un chico majo, pero también era el típico chaval que, si querías jugar a las cartas, se negaba a sumarse a la partida”. 

Seán Hemingway. “Se cuenta que mi abuelo visitó más adelante el regimiento de Salinger. Tuvo un conversación con Salinger sobre armas y sobre cuál era mejor, la Luger alemana o el Colt 45 americano. De acuerdo con testimonios posteriores, mi abuelo consideraba que era mucho mejor la Luger, y para demostrarlo le arrancó la cabeza de un tiro a un pollo que había por allí. Salinger se quedó pasmado”.

A. E. Hotchner: “Durante todo el tiempo que estuvimos yendo juntos a clubes nocturnos. Jerry nunca mostró interés alguno por los jóvenes que nos rodeaban. Su ambición de escritor lo consumía por completo. Nunca le oí decir: “¿Nos tomamos unas cervezas? Jerry no estaba para tonterías. Nunca lo vi ligar en ninguno de aquellos sitios, de manera que más adelante me sorprendió leer que había tenido aquellas relaciones con mujeres mucho más jóvenes. Cuando yo lo conocí -él debía tener unos veintisiete o veintiocho años-, no tenía novia o por lo menos no se la traía”.”

Margaret Salinger:  “Sé que, cuando mi padre tuvo algo de dinero en el bolsillo gracias a la publicación de “El guardián entre el centeno”, hizo una expedición en coche con su hermana por el campo en busca de un sitio donde pudiera trabajar y vivir en paz. Y ese sueño está sacado directamente del Guardián. La casa, nuestra casa de Cornish, cuando lees esa fantasía que tiene Holden de una casita que esté en parte bajo el sol adonde le pide a Sally Halles, creo, a una chica que ni siquiera le gustaba mucho, que se escapen juntos, y “allí tendremos hijos y los esconderemos y les enseñaremos a leer y escribir nosotros”. Una y otra vez encuentro a mi madre entrando en aquella obra de teatro que él había escrito para vivirla; aquella realidad que se fue formando más o menos a partir de sus fantasías y de pronto se  hizo real. Ya estábamos todos en la cabaña de Holden”.

Distintas publicaciones de Salinger

Distintas publicaciones de Salinger

David Yaffe. “A menudo Salinger combina sexualidad con niñas. Hay algo extrañamente lascivo en su forma de describir a Phoebe dormida. Por un  lado es una imagen muy pura. Por otro hay descripciones gratuitas de Phoebe babeando en su almohada, y Salinger parece deleitarse en esa descripciones, en su misma forma de escribirlas”. A esta declaración podemos sumar la de Ethel Nelson: “En aquella época ni nos lo planteábamos. Más tarde sé que se puso en tela de juicio el hecho de que Jerry siempre buscara compañeras sexuales mucho más jóvenes. Y realmente creo que era porque quería seguir siendo joven. Creo que le daba miedo envejecer”

Ian Hamilton: “Nadie escribe sobre el suicidio tanto como Salinger sin planteárselo de forma activa Y (“Hapworth”) parece no solamente un acto de suicidio del personaje de  Seymour, sino también de suicidio literario para Salinger. Creo que Salinger sigue postergando la publicación de sus obtras porque todavía no está listo para morir“. A esta se podía añadir también la de David Shields: “El ataque de 1965 al New Yorker y a Shawn y el silencio perplejo con que fue recibido “Hapworth” debieron de acelerar aquella decisión de guardar silencio, pese al hecho de que Nabokov acababa de llamar a Salinger y a Updike “los mejores artistas de los últimos años, con diferencia”.

David Shields. “Entre 1950 y 1980, Salinger se dedicó a crear un mito. Luego se pasó de 1980 a 2010 luchando por controlar, porteger y defender ese mito. Adoptó la postura defensiva y dedicó a batallar contra su hija, contra su antigua amante y contra su aspirante a biógrafo. Le gustaba odiarlos, ver en ellos únicamente egos. En parte tenía razón: el mundo aportaba pruebas a cada minuto de la corrupción humana. Pero en la flexible brújula moral de Salinger, en su absolutismo nada absoluto, también se podía entrever su ego”.

 David Shields y Shane Salerno: “A medida que se le acercaba la muerte, a Salinger le entraron ganas de reunirse “con sus seres queridos da igual que sean figuras religiosas o históricas, amigos personales o personajes de ficción”. Ya hacía tiempo que había renunciado al mundo físico, que la había fallado. Sus dos primeros matrimonios se había hundido rápidamante. Su tercer matrimonio consistía en tener una enfermera. Antes incluso de implicarse en la guerra ya estaba traumatizado, pero después lo estuvo de manera más profunda y para siempre. Así pues, intentó evadirse del mundo a un reino puramante metafísico, pero no tuvo éxito y es que era una tarea imposible, porque somos seres de carne y hueso. Salinger no entendió esto, ni tampoco se permitió entenderlo”.

 

 

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Cuando, y cada vez más, la cultura es espectáculo y el espectáculo es una cultura se hace más necesario leer entre líneas lo que la cultura se trae en manos. Más sobre «Entre líneas»

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