Dalí, cuarto y mitad

Dalí, cuarto y mitad

Publicado por el Apr 26, 2013

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Ya llegó Dalí al Museo Reina, de Madrid, tras su exitoso paso por París, por el Pompidou. Es una de las exposiciones más esperadas de la temporada por el gran público, aunque, confieso, que por mí, no, que también soy gran público. Imaginaba que me iba a depecionar y me ha decepcionado. No negaré que montar una exposición de Dalí y que no resulte una exposición más sobre su figura y su obra me parece harto complicado porque sobre el genio surrealista, derivado en sombra de sí mismo, y su vertiente Avida Dollars hay mucha tela que cortar, y se ha cortado. Hacer un traje nuevo al emperador supone un reto.

En París la muestra se tituló “Dalí”, sin más ni mayores abalorios. A la recientemente inaugurada en el Reina Sofía se le han dado varias vueltas de tuerca para acabar en el enunciado “Dalí”, más el subtítulo “todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas”. La expo de París ha sido la segunda más vista en toda la historia del centro, 790.000 visitantes. La primera, fue también una de Dalí que se celebró en el año 1979. Aquí, también se espera que el tirón sea descomunal. De hecho, ¿por qué se iba a hacer una exposición de Dalí si no fuera por este motivo? No quiero decir que el genial pintor no se merezca ser revisitado, expuesto y requete-expuesto un día sí y puede que otro, también, pero para ver a Dalí de nuevo en París han tenido que pasar treinta y cuatro años: un periodo de tiempo más que respetable para que las expectativas se vean colmadas. Para ver a Dalí de nuevo en el Museo Reina Sofía, han pasado tan solo nueve años. La anterior se inauguró en 2004 bajo el título de “Cultura de masas”. Un nombre más sincero y menos pretencioso, más fiel a los propósitos, esos a los que parece que da miedo evocarlos: queremos que venga mucha gente al museo, queremos que una exposición como esta aumente vertiginosamente las cifras absolutas de visitantes. Legítimo. No hay porqué esconder la cara. Incluso, si la titulamos “Dalí, cuarto y mitad” o “Dalí al peso” nada hubiera pasado. Yo, por ejemplo, no me hubiera escandalizado. Hasta me hubiera parecido más atractivo el asunto. Provocador. Daliniano.

"El enigma de Hitler" (1939), de Salvador Dalí

“El enigma de Hitler” (1939), de Salvador Dalí

Pese a que no descubra mucha variedad e innovación en los sofisticados planteamientos de estas “sugestiones poéticas y posibilidades plásticas”, Dalí siempre será Dalí, y detenerse delante de algunos de sus cuadros más memorables, como “El enigma de Hitler” (mi favorito), siempre merece la pena. Pero, llamémoslo Dalí a secas. Vayan a ver esta exposición y llenen las salas del, museo, y, de paso, visiten las otras que también tiene en cartel.

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