Copita de Navidad en el Reina Sofía

Publicado por el Dec 17, 2010

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Con las Navidades a la vuelta de la esquina, la copita y el canapé de turno está asegurado, más o menos copioso o más o menos grande. Al único al que he asistido hasta la fecha ha sido al del Museo Reina Sofía. Comimos bien (jamón, pan con tomate, salmón, bocadillitos variados, turrón, dulces… como sé que gusta que se cuenten estas cosas, pues las cuento) y bebimos lo propio (copitas de vino y sus cervecitas y su cava). Y, entre copa y copa, bocado y bocado, está el discurso para contarnos la buena nueva de la temporada por venir. Decepción en la concurrencia. 

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La prensa espera una especie de santo advenimiento, de noticia sorpresa. ¿Qué se yo? De cataclismo que nos alegre el cuerpo y el alma. Y no lo hay, porque la programación es una programación, al cabo, que sigue su curso, al gusto de su director, que, para eso es su director y hace lo que cree conveniente o le viene en gana, dicho a las bravas. Y el Museo, sus representantes, también decepcionados porque no hay apenas preguntas. Porque nadie muestra interés en que el nuevo curso nos traiga a Efrén Alvárez, Asier Mendizabal, Roberto Jacoby, Soledad Sevilla, Leon Golub, Yayoi  Kusama… Las malas lenguas se sueltan por la bajini para decir que habrá que ir a wikipedia para averiguar who is who. Tampoco es para tanto. Pienso y digo yo, también por lo bajini, que no todo habrá de ser Picasso o hecho o artista consagrado. Pero esto es lo que yo pienso. Al cabo, una entre un millón de murmullos y otros ruidos de fondo que esperan grandes fuegos de artificio.
Decepción, en una palabra por ambas partes, y yo en medio como el jueves. La programación del año que viene: ni me gusta ni me deja de gustar. Ya he afirmado que el director es libre de programar lo que le venga en gana, que luego ya vendrá la crítica, a mesa o exposición puesta, a proclamar lo que le dé la gana, también. Así se hará, pero primero ver para creer o descreer. Lo que sí me ha gustado, y mucho, es la tarjeta de felicitación navideña. Una simple cartulina en la que, como si estuviera escrito a mano, pone: “2011 (no importa)”. Pues eso, no importa porque llevo torta, al igual que se entonaba en el estribillo de una canción de los payasos de la tele.

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Yo cogí la tarjeta y no me di ni cuenta, hasta que me lo señalaron, que era obra y gracia de Dora García. Lástima que no la guarde para reproducirla aquí. Soy un desastre. Nadie preguntó cuánto había costado. Estas cosas se suelen preguntar en estos actos. Es el año de Dora García, nuestra representante en la próxima Bienal de Venecia: participa en el montaje de la última exposición del Macba, “¿Estáis listos para la televisión?”, y ahora nos felicita por Navidad y el Año Nuevo en el Museo Reina Sofía. Se ha convertido, más que en la artista invitada, en la estrella invitada porque lo suyo son cameos estilo estrellona (al menos estos dos). La veremos en la Bienal de Venecia haciendo cosas serias. Tomo la palabra al Museo Sofía para felicitar estas fiestas: 2011 (No importa).

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