¿Cómo fue la vida de la marquesa de Sade?

¿Cómo fue la vida de la marquesa de Sade?

Publicado por el Jan 16, 2015

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¿Cómo fue la vida de la marquesa de Sade? Todo esto y más, como se suele dedir, lo cuenta el libro, la biografía, de Gerard Badou que ha publicado Ediciones del subsuelo con motivo de los doscientos años de la muerte del marqués. Badou -especialista en mujeres de- tiene en su haber también una biografía la señora de Freud. Si echamos la imaginación al puchero de los sueños eróticos nos recreamos en mil y una noches de desenfreno pasional, de calenturientas poses y posturas. Por las estampas que detallan los libros del más ilustre de los degenerados, lo suponemos. Pero no busquen a la Marquesa entre las mujeres entrelazadas en imposibles ejercicios de gimnasia erótica, porque ella fue un cero a la izquierda. Ni siquiera se le concedió el papel secundario de voyeur. Mirar pero no tocar. A Sade le puso lo justo y necesario para satisfacer sus efímeras apetencias por esa paz matrimonial que, al final, se parece mucho a la de los cementerios.

El marqués de Sade

El marqués de Sade

Por supuesto, la señora de Sade, de soltera Renée Pélagie, descubrió en los brazos de su señor esposo el cielo, la tierra y el infierno. El cielo, cuando los pecados de la carne se tienen al alcance de la noche, pese a que no sean muy seguidas ni muy numerosas. El infierno –después de degustar las borracheras del sexo– cuando te dejan a pan y agua durante los largos periodos de ausencia que él agotó en infames correrías. Aunque fuera un señor del ejército, Sade nunca se fue a hacer la guerra, lo normal entre los caballeros de la época. Las almorranas no le dejaron seguir ni el trote ni el galope de los caballos. Él se fue a hacer el amor. Sade, el pacifista. De Francia a Italia: la ruta de la lascivia (otros trotes y otros galopes) que deja víctimas acusatorias en cada convento y burdel por donde él pasó. Entre acto impúdico y acto impúdico, la cárcel y el manicomio son la medicina paliativa que se le aplica. La pobre Renée le da tres hijos (dos varones y una hembra) que pasan por su mujeriega vida como una anécdota de paternidad. Sí, Renée es la pobre mujer que guarda fidelidad y siempre acudió al auxilio de su esposo hasta para rescatarle de las cloacas, y es pobre, para mayor inri, porque él la sepulta entre deudas y ruinas familiares. Sade llegó a ser amante de su cuñada, Anne Prospère, que de canonesa en un convento pasa a ser prófuga por venderse al demonio que lleva por nombre Donatien y por apellido, Sade. El dios del amor.

Renèe Pélagie, marquesa de Sade

Renèe Pélagie, marquesa de Sade

Sólo por lo que madame Sade debió disfrutar cuando disfrutó se entiende la devota sumisión de esta mujer por su marido. Y la culpa de todo la tuvo la madre de la Marquesa. La conocida por todos como la Presidenta: Madame de Montreuil. Mujer trepa donde las haya. Buscó ganar prestigio y posición social a costa de la boda de su progenie y se encontró con la horma de su zapato: uno que le dio más callos y dolores que fiestas y bautizos en la corte. En la ambición llevó la penitencia. Al hijo del conde de Sade, Donatien, una vez le hizo su yerno, lo persiguió hasta la tumba. Por ende, madre e hija se despreciaron

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