Bert Stern y Norma Jeane

Bert Stern y Norma Jeane

Publicado por el Jun 28, 2013

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Ha fallecido Bert Stern, uno de los nombres de la edad dorada de la fotografía. Entiéndase edad dorada como aquella que poblaron los más ilustres mitos de la mitomanía y retrataron los más ilustres maestros del blanco y negro. A Stern, por cuyas cámaras y objetivos pasó lo más granado del “star systems”, se le conoce sobre todo por una de las sesiones finales de fotos que hizo de Marilyn Monroe, desnuda, apenas tapada por una gasa naranja y blanca a través de la cual se transparenta una gran cicatriz en el vientre. Marilyn, que censuró algunas de las imágenes de este reportaje encargado por Vogue, moriría unos días después. Si se suicidó o la mataron forma parte de la leyenda, aunque lo que llevaba escrito en su mirada, en su caída de párpados desde hacía mucho tiempo, era la muerte misma, el abatimiento más insondable que cualquiera pueda soportar y cualquiera pueda interpretar.

La mirada de Marilyn siempre ha sido para mí un enigma y un poema, como los que dejara escritos y que publicó en España por primera vez hace unos años Seix Barral, con prólogo de Tabucchi. Ojos turbios, emborronados por las drogas, los barbitúricos, y el alcohol. Los párpados le pesan como su vida, plagada de éxitos que aplastan el doble que los fracasos. Y esta serie de fotos de Stern los muestran en toda su crudeza, y en toda su ternura. Marilyn es ternura. Siempre dan ganas de abrazarla ante el temor de que se desplome en tus brazos, y ya no puedas hacer nada por ella ni con ella. La fragilidad de Marilyn es la de Norma Jeane Baker. “En un insólito momento de intimidad maternal, Gladys comunicó a Norma Jeane que su nombre era especial: Te puso Norma en honor a la gran Norma Talmadge y Jeane en honor a… ¿a quién iba a ser?…, a la Harlow”. Así lo explica, Joyce Carol Oates, en el final de uno de los capítulos de “Blonde“. “Era como si hubieras tomado anfetaminas. La misma sensación que buscaría durante toda mi vida, regresando como una sonánbula hasta La Mesa, hasta La Hacienda, hasta el lugar de Highland Avenue donde volvía a ser una niña, otra vez a su cargo, bajo su embrujo, antes de que la pesadilla hubiera comenzado”. Otro párrafo del libro de Carol Oates que bien pudiera hacer de pie de foto de esta serie firmada por Bert Stern, donde su mirada recoge el ocaso de la diosa, la fragilidad escrita en la raya de los ojos, en el rimmel de unas pestañas postizas incapaz de soportar, desde que se levanta y hasta que se acuesta.

Alain Delon, otra de las estrellas retratadas por Stern

Alain Delon, otra de las estrellas retratadas por Stern

No obstante, las fotos de Stern aperecieron publicadas hace unos años junto a un texto de otro eminente, Norman Mailer, en un libro de auténtico lujo, muy propio de la marca Taschen. Mailer la disecciona con ese bisturí masculino y descarnado que caracterizó su pluma y su estilo. “Bien, Marilyn ha muerto, ¿y cómo decimos adiós?”. Excelente epitafio. Bert Stern ha muerto, no tenemos más remedio que decirle adiós. Nos quedan sus fotos. 

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