Arco, una sonrisa de oreja a oreja

Publicado por el Feb 20, 2011

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Está claro que la energía positiva puede mover montañas. Incluso, hacer que mane un oasis en pleno desierto, sin necesidad de que se trate de un mero espejismo. Para prueba vale un botón, como el de esta trigésima edición de Arcomadrid a la que ya solo le quedan unas horas para echar el cierre.

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Nada ni nadie podía presagiar hace un año, cuando el terremoto de una crisis sin precedentes abrió gritas insalvables, que hoy iba a reinar una sonrisa de oreja a oreja en casi todos los rincones de la feria. Digo casi porque ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos y en algún sitio puede no haber llovido lo suficiente como para salir cantando todo lo alegre que uno desea en estos tiempos de crisis. Pero llover, ha llovido. No solo en la calle, lo cual siempre puede afectar a la afluencia de público (no obstante, los pasillos siguen pareciendo un hormiguero), sino en los stand de la feria, donde se ha vendido, se ha hecho negocio, se salvado la prueba con creces. Y si hay dinero, hay esperanza, hay sonrisas, amabilidad y parabienes.
Buena parte de todo esto se ha conseguido porque desde antes de la inauguración fluía una suerte de corriente de energía positiva, de buen rollito, que ha conjurado todo espectro negativo
que se haya podido abalanzar sobre el proyecto de Carlos Urroz en este Arcomadrid 2011. Sin duda, esto es mérito de él, de su equipo, y de un sector como el del arte que ha visto las orejas del lobo de la crisis más cerca que nadie, con la amenaza de cierre por defunción, y ha decidido de una vez por todas sumar energías positivas y no malos rollos, como venía siendo costumbre. Y como han sido buenos y han hecho los deberes, y porque tienen más razón que un santo en sus reclamaciones para que se le tratara como una Industria Cultural tan digna, o más, que el cine, el Ministerio de Cultura cierra la fiesta con propuesta de un Plan de Arte Plásticas. Habrá que estar al tanto para ver en qué y cómo acaba la historia.
De vuelta a estos pasillo de Arcomadrid, este año sin moqueta (¡Qué gran decisión y qué obvia! ¿por qué no se haría antes?), solo nos queda alabar, también, que se haya reducido el número de metros cuadrados, que algunas galerías hayan tenido stands kilométricos donde ofrecer buenas propuestas; que se haya montado ese comodísimo salon-pisito de Amigos de Arco, que se ha convertido en una prolongaron de la Sala Vip; que se hayan centralizado todo los foros paralelos hacia el mundo del coleccionismo, al cabo, esto es una feria, negocio, y las teorías son buenas, pero, sobre todo las prácticas; que se haya celebrado los treinta años con un verdadero cumpleaños feliz cantado de oreja a oreja y no con la mueca torcida; que el catálogo sea pequeñito y manejable. En definitiva, todas aquellas medidas que han mirado más hacia el pragmatismo, tratar bien al cliente y al visitante, que hacia las elucubraciones teórico-abstractas.
Una imagen para terminar que me vino a la cabeza viendo la foto panoránica de unos de los pabellones: los kilométricos pasillos sin la mortecina moqueta parecen calles de asfalto mojado, tienen un aire urbano mucho más evocador. Hasta la foto-finish es bonita. Prueba superado, nos vemos al año que viene.

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