Amy Martin en la Nueva España

Publicado por el feb 18, 2013

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Sabido era que Bernal Díaz del Castillo, un chusquero de los de repartir tabaco entre la tropa, no pudo estar presente en muchas de las andanzas que relata en su “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, y que si de ellas da cuenta es porque las conoció de oídas. Pero, ¿qué soldado medieval aspira a pasar a la posteridad dejando un legado de cables de la agencia Efe? Díaz se tira el rollo, qué duda cabe, pero de ahí a afirmar que “el Quijote verdadero”, como lo llama Ignacio Ruiz Quintano, lo escribiera Amy Martin hay un trecho.

Ese trecho lo salta un arqueólogo y antropólogo francés con apellido de reloj suizo, Christian Duverger, en un libro titulado “Crónica de la eternidad” (Taurus), donde llega a la conclusión de que tras Bernal se escondía nada menos que el mismísimo conquistador. “Hernán Cortés decide que su público es el futuro. Está orgulloso de lo que hizo y es consciente de que la marca que el hombre deja en la tierra es más fugaz que los libros. Si la Corona quiere matar su memoria, borrarle de la historia, él sabe que su aliada es la posteridad”, le dice a “El país“. Por lo que en su retiro vallisoletano, entre 1543 y 1546, habría escrito sus memorias “inventando al personaje del soldado anónimo con la libertad de un novelista”.

Según el experto (un experto es cualquiera que no sea de la ciudad), la sublevación de los tres hijos de Cortés en México contra las Leyes de Indias que amenazaban con confiscar sus propiedades resucita en 1566 el manuscrito, oculto durante dos décadas, para convertirse en el gran golpe de efecto que legitime la causa de los criollos. La conspiración fracasa, pero los hermanos envían el documento “a Guatemala, donde vive Bernal, uno de los pocos supervivientes de la Conquista”. Su hijo Francisco aprovecharía la oportunidad de mejorar su posición “convirtiéndose en hijo de héroe”, haciendo modificaciones para incluir el nombre de su padre e incurriendo en flagrantes contradicciones.

A uno, estas revisiones de la historia le recuerdan a aquellos libros de Erich von Däniken en los que se “demostraba”, sin ningún género de dudas, que las pirámides de Egipto las habían construido los extraterrestres. O a quienes sostienen que Cristóbal Colón era, por la mañana, catalán; y por la tarde, una mujer. Prefiero creerme la historia de ese soldadillo valiente que, tras haber hecho las Américas, dedica los últimos años de su vida a refrescar la memoria y dar rienda suelta a una imaginación febril para contar, “a las buenas llanas”, tantas “cosas muy notables y dignas de saber”.

P.D.: Guillermo Serés, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona y editor de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España para la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española, desmonta aquí las teorías de Duverger.

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