El silencio de Dios

Publicado por el Nov 26, 2012

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El altar de la Palabra

Mencionábamos días atrás la República de Yucatán, y viene ahora a cuento la Guerra de Castas: un conflicto étnico, social, religioso, político y económico (en el contexto de la transición al capitalismo agrario) larvado en tiempos coloniales y que eclosionó durante la independencia de dicho territorio (1841-1848).

Los indígenas mayas (encabezados por Jacinto Pat, Cecilio Chi y Manuel Antonio Ay) se alzaron en julio de 1847 contra la jerarquía eclesiástica y la clase dirigente criollas, forzando a blancos y mestizos a pedir ayuda militar a México a cambio de reintegrarse en la Federación. El conflicto se extendió hasta entrado el siglo XX, aunque oficialmente no se firmara capitulación alguna, tras cobrarse 250.000 vidas (casi la mitad de la población yucateca).

Los mayas insurrectos se arracimaron alrededor de la Cruz Parlante, un culto sincrético de tradiciones prehispánicas y religión católica, desde que en 1850 aparecieran en un cenote (dolina inundada) tres cruces de madera, las cuales “empezaron a hablar”. El hallazgo fue asumido por los mayas como la materialización de Dios, cuyos mensajes incitaban a continuar la lucha contra “españoles” y “ladinos”.

Los historiadores, más prosaicos, dan por cierto que José María Barrera, un mestizo desertor del ejército gubernamental, grabó tres cruces en un árbol para, ayudado por Manuel Náhuat, quien tenía dotes de ventrílocuo, dirigirse a los indígenas que frecuentaban el cenote, espacio sagrado en la cosmogonía maya.

Tras la muerte del “intérprete”, y hasta la batalla final, la cruz (y sus sucesoras, una vez que las tropas federales prendieron fuego a la original) se comunicaría por escrito mediante un “secretario” que firmaba como Juan de la Cruz Puc Tres Personas, evidente trasunto de Jesucristo (la pasión y muerte del Mesías para redimir a la humanidad fue uno de los episodios que más había impactado en los mayas desde la Conquista).

Santuario de la Cruz Parlante en Felipe Carrillo Puerto (Quintana Roo)

Hacia 1855 se empezó a construir en la capital rebelde, Chan Santa Cruz (la actual Felipe Carrillo Puerto, en el Estado de Quintana Roo), el Balam na, o Casa del Jaguar, el dios protector de los campos y las cosechas. Al frente del culto estaba el nohoch tata, también denominado patrón o tatich, quien a su vez dirigía la estructura militar y política de los cruzo’ob (seguidores de la cruz).

Estas creencias siguen todavía vivas y existen cinco centros ceremoniales en la península. Su celebración, el 3 de Mayo, coincide con el inicio de la temporada de lluvias y el camino hacia una nueva cosecha. Ese día los mayas adornan las cruces con huipiles, comen, bailan e, incluso, lidian vaquillas. Durante el resto del año turnan guardia permanente en el templo, a la espera de que Él -mudo desde hace más de un siglo- vuelva a dirigirles la palabra.

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