La “mujer más fea del mundo”

Publicado por el nov 2, 2011

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Recuerda el diario “Reforma” la historia de Julia Pastrana, “la mujer más fea del mundo”, una indígena de Sinaloa que, como el “hombre elefante” o un “freak” de Tod Browning, se hizo famosa en circos y ferias de Estados Unidos, Canadá y Europa en el siglo XIX. Cuentan que “tenía una voz melodiosa y bailaba con gracia, pero el vello grueso y negro que le cubría el cuerpo y su mandíbula simiesca hicieron a científicos como Darwin creer que en sus 1,37 metros de estatura podía habitar el eslabón perdido.

“Julia Pastrana, la Indescriptible, llegó en 1857 a Londres junto al empresario Theodore Lent, que se convertiría con el tiempo en su esposo [sí: el amor es ciego y hay gente pa' to']. Por halagarlo, Pastrana se esforzaba en su papel de “monstruo”. Cantaba con registro de mezzosoprano, tocaba la guitarra y se refería con ligereza a la veintena de pretendientes que había desairado en América. De gira por Moscú, en 1860 dio a luz un niño que heredó su enfermedad y moría a las pocas horas de haber nacido; ella falleció cinco días después del parto. El empresario hizo un espectáculo de su agonía y cobró a los aristócratas rusos que rodearon su lecho.

“Lent ideó entonces una macabra forma de conservar su fuente de ingresos. Los cuerpos de Pastrana y de su hijo fueran embalsamados y después los exhibió durante más de una década en los principales circos europeos. Tras la muerte del empresario, los cadáveres pasaron de un dueño a otro, hasta que en 1973 realizaron su última gran gira por Suecia.

“Pastrana y su hijo fueron guardados en una caja por su último ‘propietario’, el noruego Bjorn Lund. En 1979, la Policía recibió el aviso de que unos niños habían encontrado un brazo momificado en un basurero; al seguir la pista, la pasma dio con Pastrana, y sin notificarlo a Lund, llevaron al Instituto de Medicina Forense lo que quedaba de ella: el rostro apergaminado, casi sin pelo, y un cuerpo desnudo, en gran parte artificial, ya que al embalsamarla sus extremidades fueron rellenadas para que no encogieran.

“En 1996, el Ministerio de Educación estableció que el cuerpo de la indígena debía conservarse por razones de interés científico. La “mujer más fea del mundo” pasó así a formar parte de la Colección Schreiner del Departamento de Anatomía del Instituto de Ciencias Médicas Básicas de la Universidad de Oslo, junto con ocho mil esqueletos y restos óseos pertenecientes, la mayoría, a la época de los vikingos y la Edad Media.

“Pastrana es considerado el primer caso reportado en la literatura médica de una combinación de hipertricosis generalizada congénita terminal con hiperplasia gingival. Debido a este trastorno genético, tenía el cuerpo cubierto de vello y una boca con encías hipertrofiadas que le daban aspecto de simio.

“La artista mexicana Laura Anderson Barbata llegó becada a Oslo en 2005, y en 2008 logró que el Comité Nacional de Ética para la Investigación de Restos Humanos abriera un expediente sobre el caso y reconociera que durante los años que llevaba en la Colección ninguna institución había solicitado estudiar sus restos.

“El Comité aseguró entonces que ‘si Julia Pastrana deseaba ser enterrada en México con una ceremonia católica’, lo consideraría ‘seriamente’. Ante la imposibilidad de hallar parientes de “la mujer mono”, Anderson confía en encontrar un acta de bautismo o primera comunión que justifique la devolución del cuerpo por razones morales. ‘Quiero que Julia regrese a casa físicamente, enterrarla, y también conceptualmente, en la memoria de la gente’, dice la artista, que prepara un espectáculo multidisciplinario sobre la vida de Pastrana [quien parece condenada a ser artista de circo por toda la eternidad].

“Diversas fuentes coinciden en que se crió como sirvienta en la casa del gobernador de Sinaloa, Pedro Sánchez, pero no queda claro cómo llegó a Estados Unidos. Jan Bondeson, otro de sus biógrafos, escribe que el norteamericano M. Rates la convenció para que se exhibiera por dinero, pero el historiador sinaloense Ricardo Mimiaga asegura que fue comprada por Francisco Sepúlveda, administrador de la Aduana Marítima de Mazatlán, y una vez que llegaron a Nueva York en 1854, su intérprete, el estadounidense Theodore Lent, la cortejó y convenció para que se casaran, asumiendo así el control de su vida”.

Total, para terminar donde terminamos todos, bonitos o feos. O bajo el banderín de córner, como el “Negro de Bañolas”.

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