Publicado por Manuel M. Cascante el may 5, 2011
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A Enrique Peña Nieto se le está poniendo en contra hasta su abuela. El precandidato presidencial prefabricado -con la ayuda de Televisa- tras las elecciones de 2006, que encabeza desde entonces todas las preferencias de voto en las encuestas, empieza a mostrar su verdadero rostro: no el de un engominado, guaperas y moderno PRI, sino la vieja cara y las malas maneras del dinosaurio que gobernó México durante siete décadas y aspira a recuperar la residencia de Los Pinos en 2012, sumándola a su poder como primera fuerza legislativa y al control de 19 de los 32 estados de la República, cuando entre la ciudadanÃa ya empieza a cundir la idea de que “contra el PRI vivÃamos mejor”.
AsÃ, al menos, lo entienden buena parte de los opinadores polÃticos del paÃs, quienes adjudican al gobernador mexiquenque el que la bancada priista en la Cámara de Diputados pusiera freno y marcha atrás a las reformas polÃtica, laboral y de seguridad que habÃan visto luz verde en el Senado. El propio presidente Calderón le reprochó delante de su narices, en Valle de Chalco, “que México merece esos acuerdos entre quienes lo representamos y lo servimos (…) México no merece que las cosas estén mal o se queden mal por cálculos que puedan ser parciales, por cualquier Ãndole”.
Para colmo, la mayor oposición a Peña Nieto dentro del priismo está encarnada por Manlio Fabio Beltrones, que ya era diputado hace treinta años. Mismos perros y parecidos collares.
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