Las mil de “Zotoluco”

Publicado por el ene 29, 2011

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“Zotoluco” en La México, donde hoy hará su paseíllo número sesenta y dos

Eulalio López “Zotoluco” sumará este domingo en la Plaza México su corrida número mil. En las anteriores 999 ha cortado ocho rabos y 1.258 orejas, que no parecen pocos trofeos. A sus 43 años “llego maduro, en el mejor momento de mi carrera, creo que en el punto más alto, en el que disfruto como nunca antes de mi profesión”. “Zotoluco” tomó la alternativa hace un cuarto de siglo en Coahuila, compartiendo cartel con “Armillita” y Javier Escobar “El Fraile”, y ahora se suma a una lista de “militares” que forman Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Curro Rivera, Antonio Lomelín, Mariano Ramos, Jorge Gutiérrez y el propio Fermín Espinosa (hijo del gran “Armillita Chico”).

Eulalio no destaca una corrida de entre tantas: “Hay recuerdos maravillosos: el indulto en la Plaza México (a “Romerito”, del hierro Los Encinos), el rabo que ahí corté, los Miura en Pamplona, la oreja de Madrid…”. La ocasión “no podía ser en otro lugar: La México me ha dado a mí mucho o casi todo de lo que tengo, y en un cartel muy bonito; espero que el público, mis compañeros (“El Juli” y “El Payo”) y sobre todo yo podamos disfrutar”.

José Ramón Márquez, nuestro sabedor taurino de cabecera, nos escribe sobre el particular:

Cuando uno tenía la suerte de viajar al D.F. siempre llamaba como conductor a Don Mario, que entonces operaba desde el hotel Four Seasons del Paseo de la Reforma. Don Mario era un extraordinario aficionado a los toros, inteligente y apasionado. Su padre había sido compadre del gran Mario Moreno en su época de incipiente torero. Don Mario conocía al dedillo la temporada mexicana y mejor aún la española. Hablábamos en el auto de toros y él siempre me sorprendía:

-Pues no estuvo mal Juli en Castellón. ¿No es así? Acá lo hemos visto mucho…
-Yo es que sólo le he visto la presentación y despedida de novillero en Madrid. ¿Qué quiere que le diga? Se lleva aprendidas de aquí muchas cosas de capote de esas que les enseñan ustedes a los toreros.

-¿Y ese Fundi que tienen allá? ¿Cómo es?
-Pues mire, Don Mario, es que Fundi no tiene pescuezo…

-¿Usted cree que el capote de Curro Vázquez es tan bueno como se dice?
-Tiene calidad, pero le vence el miedo. Prefiero a Julio Robles, sinceramente. Y precisamente, capoteros en México hay unos cuantos ¿no le parece?…

Don Mario te abrumaba siempre con su vastísimo conocimiento de nuestros toreros, con su amor a la fiesta y con su opinión bien fundada y nunca ácida. Un día nuestra conversación se escoró hacia los mexicanos. Hablamos de Cavazos, de los Silvetti, de Jorge Gutiérrez, de Manolo Martínez, ¡qué se yo! En un momento de la conversación llegamos a “Zotoluco”. Yo referí su presentación en Madrid con toros del Conde de la Maza, y luego hablé de su depurado estilo de matador, de la perfección de sus estocadas.

Entonces, Don Mario me mira por el espejo retrovisor y dice muy quedo:

-¡Hombre! ¿Y de tantos toreros como tenemos acá, cómo es que fue usted a fijarse en el pobrecito de Eulalio?

***

Eulalio El Zotoluco, que mata los toros por arriba y marcando los tiempos. Eulalio, que no ha rehuido una sola ganadería de las duras. Siempre he sido partidario de él.

P.D.: Gran entrada en La México (40.000 espectadores). Toritos de Xajay, muy desiguales. El presidente, como no eran las suyas, se hartó de regalar orejas: una por cada morlaco a “Zotoluco” (protestadas ambas), que estuvo brillante con la espada. “El Juli”, como siempre, “importante”: a su primer mansurrón le cortó una oreja más que generosa; de su encastado segundo se quedaría sin trofeos por “pinchauvas”, tras una faena bastante aparente. El madrileño, vecino mío en Velilla de San Antonio, se apuntó a una costumbre de esta plaza y regaló un sobrero: “Guapetón”, un carretón entregado, teledirigido, le permitió una lidia fácil y bien ligada, variada, con temple (temple en Juli quiere decir que no corrió los 1.500), gustándose: al público también le gustó (es, junto a Ponce, el favorito de la afición local) y, tras matarlo de aquella manera -el típico “julipié”- se llevó el rabo al hotel. En estos casos, ya puestos, yo suelo pedir también la pata… “El Payo” ni estuvo ni se le espera.

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