El infierno, aquí y ahora

Publicado por el Sep 5, 2010

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De Luis Estrada ya habíamos comentado aquí su estupenda “La ley de Herodes”. Ahora, el cineasta cierra una trilogía sobre el México moderno (entre medias queda “Un mundo maravilloso”, que no he visto) con “El infierno”, un desolador retrato en rojo y negro de un país en manos del narcotráfico. Al frente del reparto (en el que sobresale un extraordinario Joaquín Cosío) está de nuevo Damián Alcázar, también excelente en la piel de “El Benny”, un emigrante que es deportado de Estados Unidos después de 20 años de vivir allí como ilegal y regresa a su pueblo, San Miguel (N)Arcángel: un lugar donde, como cantaba José Alfredo, “la vida no vale nada; comienza siempre llorando, y así llorando se acaba”. La película tiene como remate (tras 145 minutos que se pasan volando) los festejos del Bicentenario de la Independencia, en una secuencia de gran guiñol que da paso a un final sin esperanza. Cruda, ácida y mordaz, la cinta retrata sin compasión una triste y aterradora realidad donde el esperpento y la astracanada se abren paso sin esfuerzo. Demoledora y divertida, “El infierno” no ha debido de gustar a las autoridades competentes (motivos no les faltan), quienes le han plantado una calificación C (mayores de 18 “con credencial de elector”) por su violencia, su lenguaje y su sexo explícito. Para Estrada, se trata de “una total censura. Lo que llama la atención es la discrecionalidad con que se otorga, porque a otras películas con más violencia y sexo explícito, como ‘El profeta’, ‘Bastardos sin gloria’ o ‘Celda 211’, les dieron clasificación B“. Claro que en estas aún es posible encontrar algún personaje decente y honrado; en la suya, no hay individuo ni institución que se salven.

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