La Bandida

Publicado por el Jul 5, 2010

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“La Bandida”, con Agustín Lara

En el post anterior incluíamos el corrido “Siete leguas”. Pero su autora, Graciela Olmos, merece entrada aparte. Mariana Ahedo -su verdadero nombre- nació en 1895 en Casas Grandes (Chihuahua). Trabajó como sirvienta en la hacienda La Buenaventura, de la que huiría con 15 años después de que los bandidos-guerrilleros de Pancho Villa asesinaran al patrón y a todos los empleados, incluidos sus padres. Recogida por una familia del Distrito Federal, a los 18 entra interna en un colegio de Irapuato, donde conocerá a José Hernández, antiguo maestro apodado El Bandido y lugarteniente de Villa. Se casará con él y adoptará su nombre, La Bandida.

Cuenta su biógrafa, Estrella Newman: Graciela se suma a las filas revolucionarias. A los 20 años enviuda de José Hernández, muerto en la batalla de Celaya, y regresa a la Ciudad de México, donde se dedica a jugar al póquer y se ve involucrada en la venta de joyas junto con la Banda del automóvil gris, por lo que a finales de 1922 se traslada a Ciudad Juárez. Al enterarse del asesinato de Francisco Villa, en 1923, cruza a El Paso (Texas), donde el general villista Rodrigo M. Quevedo la incorpora a un negocio insólito: la fabricación de whisky en Ciudad Juárez y su venta en Chicago; allí, en su mansión, el mismísimo Al Capone le pediría que cantara para él Cielito lindo, La cucaracha y La Adelita.

En los años 40 y 50, ya de vuelta a la capital mexicana, regentará una lujosa casa de citas frecuentada por políticos, militares, líderes sindicales, empresarios, escritores, músicos, artistas de cine y teatro, figuras del toreo, pelotaris, tahúres, galleros y propietarios de caballos de carrera, pintores… Allí, el alcohol y las drogas nunca escasearon. El “personal”, de primera: sus hijitas tenían que asistir todos los días a clases de estética y danza, de natación y de buenos modales y urbanidad. Las actuaciones musicales, a cargo de José Alfredo Jiménez, Miguel Aceves Mejía, Beny Moré o Los Panchos.

Graciela fue llevada a la cárcel “por faltas a la moral” en varias ocasiones, tantas como fue liberada para proseguir su labor como proveedora de placeres caros. Entre trago y trago, compuso corridos (como el mencionado) y boleros, alguno tan conocido como La Enramada.

Poco antes de su muerte, ocurrida en 1962, La Bandida les dijo a unos periodistas: “¡Cabrones!, a mí no me vayan a poner como heroína, porque yo fui sólo cocaína”. Personajes así ya no quedan…

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