Dios arbitra, pero no ahoga

Publicado por el jun 13, 2010

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“Podéis ir en paz”

Marco Antonio Rodríguez ha pitado ocho finales del fútbol mexicano, varios encuentros de la Libertadores, dos partidos del Mundial de Alemania y ha debutado en la Copa del Mundo de Suráfrica dirigiendo el Alemania-Australia, en el que expulsó injustamente al “aussie” Cahill. Es el trencilla más polémico del balompié mexicano, y se le conoce por su peculiar labor fuera de las canchas: pastor de una iglesia evangélica en el Distrito Federal. “Decidí entregarme, desde hace años, al servicio de Dios. Procuro estar en la iglesia el mayor tiempo que puedo. Cuando no estoy en mi profesión de árbitro, me encuentro en el templo”.

Su aspecto físico le valió el apodo de “Chiquidrácula“, por su parecido con un personaje de televisión, aunque hace años pidió públicamente que le quitaran ese sobrenombre y a cambio adoptó el mote de “Chiquimarco”, porque “Drácula es un demonio”. Para Rodríguez, el ejercicio del arbitraje tiene una gran relación con su fe, y ha reconocido que “el mejor modelo que tengo es Dios”. Antes de cada partido, reza para poder impartir justicia de forma equitativa. No se sabe si, tras el pitido con que da por concluidos los encuentros, despide a los jugadores con un “Podéis ir en paz”.

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