Ibargüengoitia

Publicado por el Feb 23, 2009

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Mordaz y sagaz, la de Jorge Ibargüengoitia es una de las plumas más afiladas, coñonas y certeras de las letras mexicanas. Periodista, autor teatral, de novelas y de relatos (incluido “La ley de Herodes”), el destino se la jugó al venderle un boleto en el vuelo de Avianca que se estrelló en Mejorada del Campo (Madrid) en 1983. Junto a él morirían otras 180 personas. Tenía apenas 55 años, pero nos legó perlas de este porte, aparecidas en forma de artículos en el diario “Excelsior” y recopiladas más tarde en “Instrucciones para vivir en México”:

“[] los niños actuales, en vez de tener la idea, desagradable pero estimulante, de que somos producto del choque entre dos culturas, una estratificada y la otra rapaz, aprenden en la escuela que somos los herederos de un gran imperio… o mejor dicho, de dos, porque los españoles son los villanos de la historia patria, pero al llegar al estudio de la historia universal, resultan lo mejorcito de Europa”.
“[] el águila se posó en un nopal que queda a medio camino entre la refinería y el basurero [de Salamanca, Guanajuato], y empezó a comerse una serpiente, pero que los habitantes de la regiónchichimecas la encontraron antes que nadie y la espantaron, porque sabían la suerte que les esperaba en caso de dejar establecerse en esas tierras a los peregrinos aztecas.”
“Cada año, todos los países de la América Latina gastan en educación entre una y dos quintas partes de su presupuesto oficial. Además de eso, sus respectivos Gobiernos están muy satisfechos y se lo andan contando a todo mundo, como ejemplo patente de su desinterés en la carrera armamentista. Asistir a una escuela no es una obligación, es un derecho. Cada año, la gente hace colas larguísimas y se da de golpes con tal de inscribir a sus hijos en una escuela. Cada año se construyen nuevas escuelas, y cada año, también, hay más niños que se quedan sin escuela. La gente que nunca ha ido a una escuela vive convencida de que esa es la única razón de su fracaso. La que ha ido a la escuela, en cambio, cree que fracasó porque no aprovechó la enseñanza. El caso es que la escuela es un elemento fundamental en las frustraciones de toda la gente”.
“Los efectos de madrugar son de muchas índoles, pero todos ellos corrosivos de la personalidad. Hay quien se levanta temprano a fuerzas, se para frente al espejo a bostezar y a arreglarse el cabello y la cara con el objeto de dar la impresión de que se lavó. Este intento generalmente es patético. [] Los que se levantan temprano a fuerzas constituyen un grupo social de descontentos, en donde se gestarían revoluciones si sus miembros no tuvieran la tendencia a quedarse dormidos con cualquier pretexto y en cualquier postura. En vez de revolucionar, gruñen y dicen que el destino les hizo trampa. Los que madrugan por gusto son peores…”.

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"En las escuelas y en los periódicos debiera recordarse constantemente a los americanos el deber de pensar en España; a los españoles, el de pensar en América". Alfonso Reyes.Más sobre «Archivo de Indias»

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