Periodista y misionero

Publicado por el Oct 13, 2007

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Ser emigrante es una lata; incluso cuando, como en mi caso, se es un emigrante privilegiado. Arreglar los papeles de residencia resulta aburrido, lento y, en ocasiones, lioso. Matricular un vehículo en Marruecos, por ejemplo, hubiera hecho feliz a Kafka: me recuerdo deambulando por todo tipo de instancias oficiales en Rabat, con

una especie de tríptico lleno de casilleros a falta de ser sellados y un montón de fotocopias compulsadas en la mano, y pienso en Marcelo Mastroianni en la película “Ojos Negros”, cuando buscaba quien le avalara un permiso para fabricar en Rusia vidrios irrompibles En México el asunto no es tan farragoso, pero enfrentarse a la burocracia no deja de ser un fastidio: renovar mi FM3 “sólo” me ha llevado tres veces hasta Gobernación y otras cinco a Migración. Lo curioso es que los corresponsales recibíamos en Marruecos la misma consideración legal que los cooperantes internacionales. En México, sin embargo, se nos asigna la categoría de “ministros de culto, refugiados y asilados políticos”. Sabía que este oficio tiene mucho de vocacional y, en ocasiones, algo de peligroso; pero, nunca imaginé que llegara hasta ese punto…

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"En las escuelas y en los periódicos debiera recordarse constantemente a los americanos el deber de pensar en España; a los españoles, el de pensar en América". Alfonso Reyes.Más sobre «Archivo de Indias»

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