Chávez

Publicado por el May 16, 2007

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Si Hugo Rafael Chávez Frías no existiera, los periodistas tendríamos que inventarlo. Sí, ya sé que para Venezuela y para los venezolanos (o para muchos de ellos) es una verdadera desgracia, pero para nosotros, obreros del folio en blanco, es un auténtico filón. No quiero ni imaginarme qué sería de los pobres plumillas si el Continente estuviera lleno de sanguinettis, de freis, de bergeres…, de gobernantes con dos dedos de frente y pelos en la lengua. Nos tendríamos que poner a trabajar. No es que sintamos “fascinación por el Tejero caribeño”, como aseguró un capullo que se las da de ser el mayor experto en marxismo al sur del Orinoco. Tampoco es que no nos enteremos de nada, porque vamos a Venezuela a “acostarnos con las mulatas y a fumar Belmont”, como sostuvo otro memo que pasa por ser una de las más brillantes plumas a la sombra del monte Ávila. Trabajar en Venezuela, con una sociedad tan dividida y enfrentada, obliga a hilar muy fino, a un esfuerzo intelectual que a mí, personalmente, me agrada. Pero que no me exijan adhesión inquebrantable, ni que comulgue con ruedas de molino, porque no. Ésa no es mi pelea. Chávez me parece un pésimo gestor, un tipo autoritario que pretende hacer una revolución como quien lleva la intendencia de un cuartel. Pero gana cuantas elecciones convoca, y lleva ya una docena. Y las gana porque la gente le vota, y no por esos “descomunales fraudes” que se empeñaba en hacernos creer la oposición hasta hace poco. ¿Que acumula todos los poderes del Estado? Claro. Si hasta el más transparente Gobierno escandinavo lo pretende, ¡cómo no va a hacerlo él!… Aunque con frecuencia se le vaya la mano, como en el inminente cierre de RCTV, uno de los escasos medios verdaderamente críticos con el poder que aún quedan en el país (¿Verdad, Henrique Otero? ¿Verdad, Gustavo Cisneros?…). La verdad es que, con la Ley Habilitante, a Chávez casi se le ha ido hasta la olla. Pero el asunto de fondo, a mi juicio, es otro: Mientras en Venezuela haya más pobres que ricos, y Chávez sea el encargado de repartir entre los primeros las rentas que procura el petróleo, el de Sabaneta podrá hacer todos los experimentos bolivarianos que quiera. Cuando lleguen las vacas flacas, será otro cantar. Pero, entonces, si el país sigue en pie, esos pobres no renunciarán a que su voz sea escuchada; a que tenga un valor, como hoy la tiene. Y no permitirán que se les vuelva a tapar la boca, como hicieron los dos grandes partidos que se repartieron el poder durante casi medio siglo de “perfecta” democracia “puntofijista”. En fin, a Chávez, de momento, no sólo no hay que inventarlo, sino que su ejemplo ha cundido por el Hemisferio: Evo, Correa, Ortega… Por ahora parece que no nos tendremos que poner a trabajar. El futuro de América Latina es otra cosa.

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