Plañideras

Publicado por el oct 29, 2014

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Con idéntica reacción a la que se produce cuando el jefe levanta el dedo para indicar qué votar en el hemiciclo, las palabras de Esperanza Aguirre tras esa catarsis con brisa de toga judicial y uniforme policial llamada «operación Púnica» ha servido para despertar un coro de plañideras. No hay comunidad autónoma en la que no se haya secundado el gesto y hasta copiado los adjetivos de Aguirre. Como si esperaran a que alguien les diera luz sobre qué decir, han salido en cascada con el mismo repique.

El coro deja voces de especial prodigio. Y frases que conviene desmenuzar, porque en ellas va el pecado, a veces su reconocimiento, y aún sin reconocerlo la penitencia obligada.

Rajoy: ha pedido «disculpas a todos los españoles por haber situado en puestos de los que no eran dignos a quienes en apariencia han abusado de ellos». No queda clara la secuencia temporal. La primera parte, impoluta: reconocimiento del error-culpa por «haber situado en puestos de los que no eran dignos»; la segunda, confusa: «a quienes en apariencia han abusado de ellos». Enredo temporal. Si la colocación en los puestos fue anterior al conocimiento de que eran indignos, no cabe pedir perdón, por trinque sobrevenido (es lo que apunta la segunda parte de la frase). Pero si la colocación en los puestos fue cuando ya se sabía «que no eran dignos», sin más, no se trata de error, sino de acción culposa. Y no individual, sino coral. Porque eso, justo eso, es en gran parte la raíz sobre la que ha crecido esa maleza llamada corrupción.

En Aragón, ni uno solo de los imputados por causas de corrupción han sido sorpresivos. Ni uno. Era un clamor desde hace años que la Plataforma Logística de Zaragoza (caso Plaza) desprendía vapores malolientes; La Muela, escenario de la «operación Molinos», hacía años que en mentideros políticos y periodísticos era objeto de chascarrillos sobre chanchullos. Solo por citar dos causas, dos casos. Y, en ambos, ningún partido actuó tras extenderse la sospecha y antes de que las fuerzas de seguridad destaparan el hedor.

A menudo, las sospechas en forma de certezas hablan de comportamientos de «corrupción de baja intensidad», esa suerte de «kale borroka» del trinque casi aceptada por habitual. Contratos a dedo, licitaciones amañadas incluso con la connivencia de quienes pujan (por ese «turnismo» del hoy para ti, mañana para mí), listos aterrizados en la política ávidos de demostrar su inteligencia para hacer la carrera de Económicas con prácticas en bolsillo propio…

Y ahora salen las plañideras con afán de mostrarse convincentes en vísperas de Todos los Santos.

Frase para el mármol: «Casi tengo que contar hasta tres para ver qué contesto, porque si dijera todo lo que pienso… Llega un momento determinado que no sabes ni qué decir ni prácticamente qué hacer». Autor: portavoz del Gobierno aragonés, Roberto Bermúdez de Castro, que habló de «una cuadrilla de jetas» y de «asco y desazón». Guión correcto el seguido al final; descorazonador el principio. Cuando uno «casi» –o sin casi– no sabe qué decir ni qué hacer, lo mejor es apartarse. Hasta cuando se juega al guiñote. Bermúdez de Castro anunció hace unas semanas un estudio en profundidad tras destapar la Cámara de Cuentas un chorreo de anomalías en la contratación de los gobiernos comarcales. ¿Estudio? ¿Estudiar el estudio?

Y está por ver qué hacen con ese joven alcalde de las tierras del Papa Luna que se adentró en la ingeniería político-laboral-contractual-fiscal-marital para sacarle el máximo rendimiento con viscosidad demostrada. ¿Repetirá en las listas? ¿Volverá a acomodársele puesto en las Cortes, en la Diputación Provincial, de nuevo candidato en su pueblo…?

Todo esto en una tierra en la que el PSOE mantiene en su cómodo escaño de las Cortes de Aragón a la esposa de uno de los nombres propios en el «caso Plaza», Carlos Esco. Su fiel esposa no se inmuta.

Y, entre los vecinos próximos, ahí está el riojano César Luena, esa «joven promesa» elegida por Pedro Sánchez para su nueva Ejecutiva Federal. Luena pone el grito en el cielo por la corrupción del PP mientras en La Rioja, hace escasos meses, salía en pública defensa de uno de sus «chicos» pillado en un sonoro renuncio con evidentes tintes de chanchullo. Vicente Urquía, para más escarnio responsable de Empleo en el PSOE riojano, era sorprendido con un contrato laboral más que sospechoso con una empresa privada a la que no iba a trabajar, pero de la que cobraba y con la que cotizaba a la Seguridad Social, empresa ligada a organización de eventos del PSOE en diversos puntos de la geografía española. Y Luena, el joven de Sánchez, a lo suyo.

Plañideras. Pedazo de plañideras.

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