La caza del pato

Publicado por el abr 3, 2014

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Las cifras de déficit público que hizo públicas el Ministerio de Hacienda trasladaron una ráfaga de «fuego amigo» a suelo aragonés. Entre Rudi y Montoro, que arrastran sus más y sus menos, al final el damnificado ha sido el consejero de Hacienda (desde este jueves ex) José Luis Saz. Llegó a la Consejería tras exhibir el PP su currículum de probada experiencia, ese que le llevó a ser designado en su día como consejero de la Cámara de Cuentas de Aragón con el beneplácito de los populares. El problema, cuando llegó, es que tardó un respiro en darse cuenta de que no es lo mismo predicar que dar trigo.

A Saz le dieron una tijera sin afilar para aplicar los recortes. Y luego ha acabado cargando con la culpa de no haber estado fino. Al llegar se dio cuenta de dónde se podía y se debía recortar, pero enseguida le hicieron entender, desde lo más alto, que había gastos bobos intocables porque los pactos mandaban sobre los números. Pero es un argumento del que Saz no puede hacer uso, porque lo admitió en el sueldo. De ahí que, al final, le quede aceptar como propio el fracaso del exceso de déficit. Sin más.

Ahora Saz ha acabado dimitiendo. Una de esas dimisiones que es una destitución en toda regla. Había dos opciones: o esperaba la bala o él iba a buscarla. Ha hecho esto último. Formalismo de «fuego amigo»: presenta la dimisión, que la acepto de inmediato. La caza del pato.

Lo que me descoloca en la destitución de Saz es el elegido para sustituirle. En vez de un técnico para vigilar los números, un político de partido que empezó a remar en el PP con 18 años cumplidos, que se encaramó a la secretaría provincial del PP y que obtuvo escaño en las Cortes regionales hace algo más de tres años. Es abogado y, que se sepa, no le consta experiencia profesional en materia de finanzas y presupuestos públicos. Javier Campoy llega a la Consejería de Hacienda, y le deseo, sinceramente, la mejores de las suertes en su nuevo despacho. Y que vigile al consejero de Sanidad, Ricardo Oliván, que resbaló en los números el año pasado y le puso la piel de plátano que Saz ha pisado hasta el descalabro. Oliván sigue indemne. También me descoloca.

Dicen quienes aplauden la elección de Rudi que nada tiene que ver el ser un buen político-gestor que el ser un buen gestor-profesional. Yo lo dudo. Para ser consejero o ministro de Sanidad, un suponer, siempre he creído mejor un médico experimentado y que tenga perfil político, en vez de un político metido a gobernar médicos. Y en Aragón viene el ejemplo que ni al pelo. Que un técnico la pifie en un gobierno no es prueba de inhabilitación colectiva de los profesionales de probada experiencia. Que un pato vuele torpe no demuestra que una rana alce el vuelo.

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