Políticas poligoneras

Publicado por el Feb 24, 2014

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Aragón es una de esas regiones españolas que se sigue despoblando, que sigue viendo cómo decenas de pueblos caminan hacia la desaparición. No es la única. Castilla y León es otro buen ejemplo. Y la lista ni de lejos se agota ahí.

Esto ocurre después de que, durante más de 30 años, vengamos oyendo declaraciones rimbombantes de políticos que apelan a la «reordenación del territorio». Se convirtió en un mantra. Y, en la política, mantra y cantinela inútil acaban siendo lo mismo.

Ahora se vuelve a la carga. Se insiste en que hace falta «apostar por el territorio» y se hace apelando a una mayor financiación autonómica para aquellos territorios despoblados, con mucho territorio, pocos habitantes y muy dispersos, y -encima- con censos altamente envejecidos.

Tienen razón en pedirlo frente a quienes hacen valer, sin más, el cómputo del número de habitantes. Evidentemente, no cuesta lo mismo la Sanidad pública en una región más o menos envejecida que en otra. Ni prestar la enseñanza en un territorio con la población más o menos dispersa.

Pero apelar al Estado, sin más, sin hacer una autocrítica severa de cómo se han gestionado esas regiones en materia demográfica es echarle algo de jeta al asunto. Aunque sea tangencialmente, que hablando de jeta equivale al ponerse perfil silbando a la vía.

Aragón ha sido un ejemplo de políticas chuscas en esta materia. Nos han aburrido con lo del «reequilibrio territorial» mientras han campado a sus anchas las políticas poligoneras. A saber: crear un polígono industrial en todo pueblo que se precie. El alcalde de turno se colgaba la medalla considerando que pagar a precio de oro una maceta suponía, sin más, dar por hecho que en ella iba a crecer un geranio por arte de gracia. Y el diputado provincial de turno le ha dado subvención; y el Gobierno regional de turno le apoyó en el absurdo.

Así, en Aragón tenemos ahora la friolera de 340 polígonos industriales en una Comunidad de 731 municipios. Si se quitan los que tienen las capitales de provincia, salimos a un polígono industrial cada tres municipios. Un exceso evidente. Hay pueblos de 200 vecinos con su polígono industrial y sin la más mínima posibilidad de que algún día se llenen. Y ahí están, vacíos. Eso sí, dejando atrás facturas de postín.

La política poligonera no ha sido exclusiva de Aragón. Lo que sí tiene sello propio es su prima hermana, la política del huerto de los políticos. Hace poco más de diez años, se les ocurrió crear un vergel: las comarcas. Y así se sembró de cargos públicos el territorio: 32 gobiernos comarcales, 32 presidentes a sueldo, más de 60 vicepresidentes a nómina y más de 700 consejeros comarcales con sus correspondientes dietas.

Debieron de pensar, por eso de luchar contra la despoblación, que quizás se cumpliría el dicho de «éramos pocos y parió la abuela». Y así, en esta Comunidad autónoma en la que más allá de Zaragoza capital solo viven apenas 700.000 personas, hay 5.300 cargos públicos entre diputados provinciales, diputados regionales, Gobierno autonómico, alcaldes, concejales, presidentes comarcales, vicepresidentes y consejeros de lo mismo. A un cargo político cada 200 habitantes.

En esto de los consejos comarcales, por cierto, Cataluña se lleva la palma.

Y ahora, los políticos de la despoblación piden al Estado más dinero, más financiación autonómica. Pero, de paso, ¿no se les ocurre algo más?

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