Yo también soy catalán

Publicado por el jul 23, 2013

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No hay nada más tonto que escupirse a uno mismo. Puede ser tontamente entretenido, pero una pérdida de tiempo y una guarrada mayúscula. Por eso no quedaba otra que destituir fulminantemente a quien hasta hace escasos días fue fugaz «número dos» de la «Marca España», esa diplomacia especial desplegada para sacar lustre a la imagen del país en el extranjero. Juan Carlos Gafo tuvo una salida de tono impropia de un diplomático. Su «catalanes de mierda» fue un escupitajo en la cara, cegada por la imagen de quienes se empeñan, desde la porción nordeste de España en renegar del resto. Pero ese «catalanes de mierda» no les insultó a ellos sino a todos los españoles. Yo soy también catalán, y el propio Gafo. Soy catalán de Aragón, igual que un señor de Lavapiés es catalán de Madrid, o un trianero es catalán de Sevilla. Y así, sume y siga.

Toca hablar en propiedad y dejar de escupirse a la cara. Eso del «derecho a decidir» es una milonga cuando lo que se quiere es trincar para uno lo que es de todos juntos. Me siento tan catalán, desde Aragón, como Artur Mas es –lo quiera o no- aragonés de Cataluña; y madrileño, y vasco, y andaluz, y valenciano, y canario, y extremeño… Igual que Durán i Lleida es -en este caso por cuestión de cuna- catalán de Huesca. Es una cuestión esencial que conviene remarcar ahora que vociferan quienes desean confundir términos como individuo, pueblo, territorio, nación y estado. En España hay individuos, pero sólo una nación y un único territorio.

España lo es desde hace siglos. Y en 1978 la Constitución no la votaron los «pueblos» de España, ni –obviamente, por físicamente imposible- los territorios. Fue un único pueblo, el español, quien ratificó la Constitución. Y no se sustentó en la existencia de «naciones» peninsulares, sino en individuos de la casa común que es España. Desde entonces, por voluntad colectiva, uno es tan catalán de Madrid como valenciano de Badajoz o vasco de Móstoles. Y el Estado está obligado a que se respete ese principio individual compartido.

Es la clave de bóveda que, con la confusión como bandera –voluntaria o ignorante, da igual-, se empeñan en tratar de dinamitar quienes día sí, día también, apelan al «derecho a decidir» como si fuera una verdad absoluta. Existe ese derecho a decidir, sin duda. Pero compartido por todos los españoles. Un territorio nunca puede votar la independencia, podrán hacerlo sus sujetos. Y en cualquier región de España, en cualquier ciudad, en cualquier pueblo, en cualquier barrio, en cualquier comarca, no hay otro pueblo que el conjunto de los españoles. España no es una suma de territorios, es un solar en nuda propiedad de todos sus ciudadanos.

Por eso me sentí también insultado por Gafo. Por eso estuvo bien su fulminante destitución. Por eso Gafo cayó en la estúpida tontuna de escupirse a la cara. Por eso yo soy catalán de Calatayud. Por eso cualquiera podemos –debemos– reclamar ser catalanes vivamos donde vivamos. El «Yo también soy catalán» debería empezar a cundir en cualquier rincón de España.

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