¿Por qué le llaman déficit cuando quieren decir pufo?

Publicado por el May 29, 2013

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La política es poesía, redoble semántico. A veces, trasiego de palabrería, diccionario de sinónimos sin antónimos. Déficit es un buen ejemplo. La palabra taladra informativamente, día sí, día también. Y tantas veces se apela a tener déficit desde todas las autonomías (sin excepción), que al final parece que es algo bueno, extraordinario, un derecho natural, una oda al bienestar. Al final se ha entrado en la carrera del disparate, exigiendo el déficit como el que reclama una pensión. Y lo cierto, aunque se calla, es que en realidad la pensión de marras es un pufo colectivo. Las autonomías, que llegan ahogadas a fin de mes para pagar un pincho de olivas, exigen como derecho seguir jugando al debe un poco más.

¿Por qué le llaman déficit cuando quieren decir pufo? Al final, esto se ha convertido en el mundo al revés. Cataluña, enfangada hasta el extremo por unas arcas con telarañas, se alza en defensa de los suyos -dice Artur Mas- con la curiosa receta de escalar cada vez más en unos números rojos de órdago. Calefacción contra la fiebre. Vamos, seguir gastando sin rumbo definido a pie de calle. Y los que le rodean no quieren ser menos y desean, con ahínco, enfangarse al menos otro tanto. Al final, pequeño detalle, ni quien tira de la cuerda ni quien debe moderarla desde el Gobierno central nos cuenta que cada decimilla de déficit añadido es meternos a todos un poco más en el pozo de una deuda que choca con el más elemental de los sentidos comunes. Cataluña se ha convertido en la estrella guía del mundo al revés mientras Madrid observa y el resto siguen su estela de desenfreno. Borrachera de vanidades de viejos ricos venidos a pobres, con cubertería de plata y una oliva a trocear.

Empezó el año con unos presupuestos autonomicos metidos en la cintura de no pasarse del 0,7 por ciento de déficit. Un 0,7 que, ya de por sí, significa que entre todas las autonomías se gastarían este año 7.000 millones más de los que entre todas tienen realmente. Como si nada. Tan poco debe parecerles a unos y a otros que ahora, con tanta apelación al derecho de la autodeterminación de la deuda, se habla de permitir el doble. Quizás, birli-birloque, un 1,5 por ciento de media. Y así, como sin quererlo, significará que al final este año las autonomías podrán acabar gastando, entre todas (unas más, otras menos), el abismo de 15.000 millones de euros más de los que ingresan por su natural. Ahí es nada. Otro detalle más sin importancia: ¿Quién acabará pagándolo, ahora que ya algunas no saben de dónde arañar para pagar lo que ya deben? Nosotros, usted, yo, el vecino, el autónomo, la pyme, la sociedad anónima o limitada, el IVA, el IRPF y hasta el recibo de la basura. Pero es un derecho, oiga. Es el derecho a la autodeterminación de seguir viviendo al debe mientras se sigue comiendo a la carta y tirando al suelo la hojita del menú del día. ¿Por qué será que me suena a timo?

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