“La piel del lagarto”, feliz familia infeliz

“La piel del lagarto”, feliz familia infeliz

Publicado por el 31 31Europe/Madrid julio 31Europe/Madrid 2016

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La Compañía del Señor Smith tiene cierta tendencia a visitar los territorios de la fábula para, a través de las peripecias de las bestezuelas antropomorfizadas, hurgar en las zonas oscuras de los humanos. Tiene en marcha una “Trilogía de los animales”, cuya primera parte, “El mal de la liebre”, habla del ansia por perseguir objetivos que borra la conciencia del objetivo en sí, convirtiendo la vida en una carrera angustiosa hacia ninguna parte. La segunda, “La piel del lagarto”, es una fábula sobre una feliz familia infeliz, que esconde secretos y mentiras, y vive devorada por los miedos, los simulacros de normalidad y la frustración, sentimientos que no desaparecen aunque la familia lagarto mude su piel. Y es que tal vez cambie gatopardescamente de epidermis para que nada cambie.

Inevitable recordar el archicitado comienzo de “Ana Karenina” en el que Tolstoi asegura que “todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera”. Esta obra de la Compañía del Señor Smith pulsa también en la memoria el resorte que nos pone en la bandeja el recuerdo de ese poema de Federico García Lorca que habla de una familia de estos reptiles que bien podría estar emparentada con la que hace varias semanas se asomó al escenario de Cuarta Pared (la crítica se me había quedado en el tintero, aunque, ya saben, nunca es tarde…); estos son los cuatro primeros versos del mencionado poema, incluido en el libro “Canciones”: “El lagarto está llorando. / La lagarta está llorando. / El lagarto y la lagarta / con delantalitos blancos”.

Como en esos versos, la apariencia naif del recorrido por un día en la vida de la familia lagarto (padre, madre, hijo, hija y una libélula que adoptan como mascota) es la piel bajo la que se agita una visión corrosiva de la naturaleza humana. La familia lagarto solo quiere ser feliz, se explica en la presentación del espectáculo, pero sus deseos de felicidad destilan un caudal de infinita tristeza. Papá lagarto, encarnado con mansa autoridad por Javier Laorden, dice que va a trabajar y pasa las horas muertas en un descampado para que su familia no se entere de que lo han despedido. Mamá lagarto, a cuya desolada determinación da entidad Isabel Alguacil, busca un amante aunque su familia la espere para celebrar su cumpleaños. Los jóvenes lagartos, convincentes Alejandro Pastor y Alba Loureiro, se mueven entre la impotencia, el desencanto por un futuro que nunca llega y la necesidad imperiosa de encontrarse a sí mismos. La libélula, llamada señor Smith y a la que Salvador Bosch otorga naturaleza de pequeño filósofo, sirve, en su asumida fugacidad, pues solo vive un día, de contrapunto moral al resto de los personajes.
Con un cuidado y eficaz trabajo de Marí Iciz en la escenografía y el vestuario, Pedro Casas ha concebido una puesta en escena en la que da preponderancia con frecuencia a lo narrativo y lo descriptivo, con empleo de micrófonos de mano, lo que imprime en ocasiones a la función un ritmo premioso en exceso. Pero en conjunto tiene interés y hondura la apuesta animalesca de la Compañía del señor Smith. Esperamos con intriga su tercera entrega.

Pie de foto: La familia lagarto al completo en un momento de la función

Dramaturgia: Javier Hernando. Dirección: Pedro Casas. Escenografía y vestuario: María Iciz. Iluminación: Pablo Garnacho. Intérpretes: Isabel Alguacil, Salvador Bosch, Javier Laorden, Alba Loureiro y Alejandro Pastor. Sala Cuarta Pared. Madrid.

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