Orestes en la tierra de Alvargonzález

Orestes en la tierra de Alvargonzález

Publicado por el 29 29Europe/Madrid diciembre 29Europe/Madrid 2015

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Los hombres pasan, las estirpes se agotan, pero las pasiones permanecen tercas guiando ese azar al que damos el nombre de destino. Por eso nos emocionan textos escritos hace dos mil años, nos conmueven porque hablan de los mismos sentimientos que nos animan y estremecen, hablan de nosotros, de cómo nos obstinamos en vivir como nuevos deslumbramientos y caídas ya usados. Por esa senda camina Teatro Defondo con “Los Atroces”, una propuesta que traslada la tragedia de los Átridas a la España del siglo XX en un recorrido que va de principios de siglo hasta nuestros días, con la Guerra Civil como ecuador, una terrible cicatriz supurante que añade más infamias a la historia de esta familia maldita.

Teatro Defondo es una compañía singular por la variedad de sus aventuras escénicas y su vocación por el riesgo y el trabajo bien hecho. Fundada en Madrid en el año 2002, recuerdo en su haber, entre otros espectáculos, varias estimulantes aproximaciones a Shakespeare y un musical sincrético y sorprendente, “La ópera del malandro”, en el que Chico Buarque acaricia la épica desarrapada de Brecht/Weill y la amalgama con aires brasileños.

Fijan su concepción del teatro en un manifiesto titulado “Reyes y peones”, que firman Vanessa Martínez, dramaturga y directora, y el productor y actor Pablo Huetos. “La cultura –escriben– alimenta el alma de una sociedad. El teatro alimenta el alma de una sociedad. Cuanto más y mejor teatro se hace en una sociedad, más sanos son sus ciudadanos espiritual e intelectualmente. El teatro es comunión, es cooperación, es energía colectiva depositada en un lugar y en un segundo determinado, todos a la vez, todos en lo mismo, sentimientos desencadenados en grupo. Como en la cueva, también oscura, donde nuestros antepasados comenzaron a contar historias. El teatro es diversión, un paréntesis en la vida, un universo donde todo se resuelve al final. Es catarsis, es un lugar donde llorar por el pasado y replantear el presente. El teatro es también intelectualidad, ideas, reflexiones, búsquedas por los laberintos de la cabeza y de la sociedad. El teatro, en fin, moviliza las conexiones entre nosotros y el mundo, entre nosotros y nosotros. Cualquier tipo de teatro es válido siempre que haya un espectador al que le interese. Cada uno cumple su función en el ecosistema”.

En “Los Atroces” viajan al corazón de la tragedia que Esquilo llevó a escena y la sitúan en una España bronca y áspera, perfecto escenario para el vendaval de incestos, violaciones, muertes. Es esa tierra de los Alvargonzález que Antonio Machado cinceló en un romance de sangre incluido en “Campos de Castilla”. Orestes –que ha vengado la muerte de su padre, Agamenón, matando a sus asesinos, Clitemnestra, su madre adúltera, y el amante de esta, Egisto– se enfrenta a sus fantasmas, los que pueblan como pájaros protervos el tupido árbol familiar que da frutos espeluznantes desde que Atreo, el que dio nombre a la estirpe, comenzara su tremenda trayectoria de asesinatos e incestos, y aún antes, pues su abuelo Tántalo, hijo de Zeus, sirvió en una cena a su propio hijo Pélope cocinado. Como en una pesadilla, Orestes es guiado por los espectros de esos inquietantes deudos en busca del escalofrío que guía su actos y quizás de una posible resolución a su destino maldito.

La función transita por la historia de esa genealogía sangrienta en un montaje atractivo y poderoso en el que Vanessa Martínez hace contrastar lo cómico y lo trágico, y logra dar coherencia, profundidad y vigor a la formidable apuesta. Un verdadero tour de force interpretativo en el que cinco estupendos intérpretes se hacen cargo de trece personajes; el sexto, Mon Ceballos, encarna únicamente a ese Orestes viajero por su convulso pasado familiar. Merece la pena que esta propuesta tenga continuación y se represente en otros escenarios.

Título: Los Atroces. Dramaturgia y dirección escénica: Vanessa Martínez. Escenografía: Almudena Vello. Vestuario: Val Barreto. Iluminación: David Martínez. Espacio sonoro: Roberto Tena. Intérpretes: Nuria Benet, Mon Ceballos, Pablo Huetos, Vicenç Miralles, Pedro Santos y Gemma Solé. Sala Nave 73. Madrid.

Foto superior: Un momento de “Los Atroces”.

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En primer plano, Nuria Benet en una escena de “Los Atroces”

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El teatro es una actividad muy antigua que se acerca y nos acerca a la verdad del ser humano. Un arte que, como todo el que es verdadero, nos ofrece más preguntas que certezas. Más sobre «Aquí opina hasta el apuntador»

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