¿Pero queda algún apuntador?

¿Pero queda algún apuntador?

Publicado por el 24 24Europe/Madrid diciembre 24Europe/Madrid 2015

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Primer paso. La decisión de proclamar en el título del blog que aquí puede opinar hasta el apuntador, un pequeño homenaje a Fernando Fernán Gómez que tituló su libro de anécdotas teatrales “Aquí sale hasta el apuntador”, ese raro espécimen de la fauna escénica que, según se decía con guasa, también moría en las tragedias tremebundas. Segundo paso, una pregunta: ¿pero queda algún apuntador? La verdad es que yo al menos no he conocido a ninguno, siempre he tenido la impresión de que pertenecían a una especie antediluviana extinta que desapareció con su concha a cuestas como una tristísima e ignota tortuga del Cuaternario. Leo que su labor la ha heredado el traspunte, esa persona que previene a los actores de cuándo y por dónde les toca salir a escena y que, pluriempleado susurrante, puede lanzarles entre bastidores algunos pies de sus parlamentos para que no se atasquen.

En su regreso a los escenarios con “China Doll”, lo último de David Mamet, seguramente Al Pacino habrá echado de menos a ese modesto profesional conchabado. Aparte de que desde que Mamet se ha pasado al lado derecho de la Fuerza la crítica neoyorquina lo espera con las escopetas cargadas, al actor –según ha contado Javier Ansorena, corresponsal de ABC en Nueva York– lo han zurrado de lo lindo, añadiendo entre los denuestos a su trabajo el hecho de que el pinganillo que utiliza supuestamente para hablar por teléfono –el empresario que interpreta se pasa media función enganchado al sin manos– también le sirve para que le apunten sus frases y se dice, además, que en el escenario había varios “teleprompters” camuflados para que Pacino no perdiera el hilo de sus frases.

No sé yo si eso es criticable si la actuación se sostiene por su fuerza, convicción y verdad teatral, y, desde luego, si el artilugio no se nota, como es preferible que no se noten las pelucas, las narices postizas u otras ortopedias de la caracterización del actor. Al fin y al cabo los apoyos de Pacino, si es que los ha empleado, serían una versión tecnológica y disimulada de las tradicionales labores del apuntador. Algún ilustre actor de nuestros pagos se rumorea que ha utilizado el pinganillo en sus últimos trabajos, lo mismo que una racial actriz en un monólogo muy alabado por pública y crítico. ¿Qué más da? Si la leyenda cuenta que el gran José Bódalo salía a escena con el auricular de un transistor incorporado a un oído para seguir los partidos de su Real Madrid, también tiene su mérito llevar acoplada la mosca en la oreja y mantener la concentración interpretativa. ¿Son más criticables los pinganillos que los micrófonos –sobre todo si están mal configurados– que emplastan el sonido y eliminan las referencias espaciales? Que cada cual piense lo que quiera, aunque, como me recordaba hace unos días mi amigo Juan Antonio Vizcaíno, antes se decía que para ser actor lo único imprescindible era tener buena memoria y no tropezarse en el escenario con los muebles.

Siguiendo con los apuntadores, Wikipedia apunta los nombres de algunos grandes profesionales españoles de ese oficio; copio: “Concepción Aranda, Vicente Flores, Francisco Hilera, Justa Mitjana, Dulce María Salo, Rafael Jarque, los Sales –padre e hijo–, Castells, Fernando Perucho, Vicente Novella, Manolo Máñez y Vicente Triguero”. Un brindis en su memoria.

En el panorama internacional el nombre de Ildebrando Biribó ha pasado a la historia por haberse suicidado en su concha el 28 de diciembre de 1897 en el Théâtre de la Porte Saint Martin de París cuando se celebraba el triunfal estreno de “Cyrano de Bergerac”, del hasta ese momento muy poco conocido Edmond Rostand. El bueno de Ildebrando se convirtió en 1998 en protagonista de una obra teatral de Emmanuel Vacca, actor y director francés de origen italiano, profesor de interpretación en la escuela parisina de Mimodrama de Marcel Marceau. Desde 2002, Alberto Castrillo-Ferrer ha paseado este “monólogo a varias voces” por doquier en un espectáculo que es una joyita de amor por el teatro, expresividad e imaginación. Y lo recupera ahora, en función única en la madrileña sala Tribueñe, el próximo 28 de diciembre, cuando se cumplen 118 años del deceso. Se anuncia que también “habrá una pequeña exposición sobre el París del XIX, Cyrano, Coquelin, Ildebrando y sus orígenes, la compañía El Gato Negro, curiosidades y anécdotas de estos 13 bonitos años de andadura”.

Una buena excusa para añadir al brindis el nombre de Biribó y los de todos los apuntadores que en el mundo han sido. Que Talía los bendiga, y si queda alguno, que opine.

Foto superior: Al Pacino en una escena de “China Doll”.

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El teatro es una actividad muy antigua que se acerca y nos acerca a la verdad del ser humano. Un arte que, como todo el que es verdadero, nos ofrece más preguntas que certezas. Más sobre «Aquí opina hasta el apuntador»

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