La Gran Vía y las aceras bajas… Punto y seguido

La Gran Vía y las aceras bajas… Punto y seguido

Publicado por el ene 15, 2017

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Habrá que seguir atentos a la marcha de los «acontecimientos viales» en Madrid, porque según parece el experimento de Navidades con el corte de una arteria esencial en la movilidad transversal de la ciudad, como es Gran Vía, no ha sido sino el preludio de lo que está por llegar.

Sí, porque la intención de las autoridades locales, ya explicitada aún sin concretar detalles, es derivarlo a realidad estructural, forzando su peatonalización de forma indefinida. Los Presupuestos del próximo año ya contemplan partidas destinadas a este fin. En el caso de la emblemática calle madrileña, se valora ensanchar aceras y eliminar bordillos para dejarlos al ras de la poca calzada que para entonces estará disponible, entre dos y tres carriles para vehículos privados de residentes, reparto, emergencias y transporte público (¿también taxis como Uber y Cabify, como este invierno?)

Se barajan nuevos aparcamientos disuasorios y más tramos de carril bici. Los primeros en las afueras de la ciudad, en el entorno de la M-40 y vías de acceso, conectados al trasporte público, dentro del Programa de Aparcamientos Disuasorios Municipal (PAD) con una dotación de 140 millones de euros. Hablan de una docena de estacionamientos para que la gente no vaya en coche privado a la almendra central. Convertir en perímetro continuo las calles Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta, Génova, paseo de Recoletos, paseo del Prado, rondas de Atocha, Valencia y Toledo, Gran Vía de San Francisco, calle Bailén, cuesta de San Vicente y Princesa. El transporte público, ¿se incrementará de forma proporcional?

Tan ambicioso como irreal, a mi modo de ver. ¿Qué pasará con los cientos de trabajadores a los que no queda otra que usar el coche en su cometido profesional? Y la lista es larga: comerciales, oficios varios, médicos… Para ellos, ¿hay «plan B»? Lo dudo.

Hace unos días, mi compañero Ramón Pérez Maura se hacía eco del gravísimo incremento en la tasa de delincuencia que ha experimentado precisamente la Gran Vía al hilo de un cierre al tráfico que, en la práctica, no ha sido tal, vistos los fabulosos atascos registrados entre transportes públicos y dotacionales. Y eso por no citar las numerosas cancelaciones de los hoteles de la zona, la debacle en la facturación de los aparcamientos públicos e, incluso, el descenso en la facturación del comercio.

Una vez más se constata la enorme distancia entre los gobernantes y la demanda social. Entre lo que algunos, los que mandan, opinan que hay que hacer y es bueno para nosotros, y lo que la gente de a pie piensa y, sobre todo, necesita. Una diferencia abismal, crear problemas donde no existen a golpe de ideología revanchista.

Sinceramente, espero que plumas como la de Pérez Maura y otras muchas ilustres sigan ejerciendo desde sus tribunas su derecho a la queja en materias tan graves como ésta, con la destreza del bisturí que maneja el cirujano diestro. No será mi caso, que abandono estas líneas para iniciar nuevos proyectos en el sector de la información automovilística.

Antes, eso sí, quiero enviar mi más sincero agradecimiento a todos aquellos que, semana a semana de manera ininterrumpida, y desde hace más de tres años, me han brindado su tiempo y dedicación leyendo las reflexiones (más de 170) que un humilde servidor ha volcado con afán crítico, sí, pero siempre constructivo. Desde el acuerdo o la discrepancia, todos y cada uno de ustedes son mis lectores. Confío en recuperarles a través de una nueva ventana. Nos vemos; hasta pronto.

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