Peatonalizar la Gran Vía: otro dislate en ciernes

Peatonalizar la Gran Vía: otro dislate en ciernes

Publicado por el Dec 11, 2016

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Pues sí, parece que lo que iba a ser provisional va camino de convertirse en realidad indefinida: la Gran Vía madrileña podría ser peatonalizada de manera permanente si se cumplen los planes que ahora sopesa el Ayuntamiento.

La cosa tiene «miga». Dice la alcaldesa Carmena que «le parece que la extensión de las peatonalizaciones es un fenómeno casi imparable y mundial», poniendo por ejemplo a Bilbao, que también cortó su Gran Vía al tráfico «y es un éxito extraordinario».

La arteria madrileña, de 1,3 kilómetros de extensión, cuenta con una anchura de 25 a 35 metros, según tramos. Su última gran reforma, de 2002, trajo consigo aceras bien pavimentadas de excelente anchura para los peatones.

He caminado por esta avenida cientos de veces, y conducido por ella tantas o más. Para lo último, y según horarios, puede llegar a ser un pequeño sacrificio. Pero, en conjunto, eso, pequeño, porque no recuerdo atascos monumentales como los que ahora están provocando los cortes y las aceras ampliadas a golpe de valla y cinta plástica.

La Gran Vía conecta el este con el oeste de la ciudad, o viceversa. Y ahí es donde surge la controversia: ¿cómo pretenden que sorteemos un cierre total al tráfico? Ya pasó con la travesía casi paralela, el eje Alcalá-Arenal a través de la Puerta del Sol. Sólo que aquí, de remate, se clausuraría de cuajo la conexión hacia salidas vitales de la ciudad. Me refiero a la circulación hacia las carreteras de Valencia y Barcelona, por un ala, y de Extremadura y La Coruña, por otra. Casi nada. Por quedar, en el perímetro más inmediato sólo quedaría para descongestionar mínimamente la maltrecha y angosta calle Atocha, por cierto, habitualmente reservada a «manifestódromo».

Hay opiniones para todos los gustos al hilo del cierre navideño de la calle: comerciantes que han incrementado caja, otros que la han bajado, los que confiesan que ni una cosa ni la contraria, repartidores que echan las muelas por tener que cargar calle arriba empujando a pata la mercancía, sentencias judiciales que atizan el fuego autorizando, entre otros, el paso de autobuses turísticos por carriles colapsados, aparcamientos públicos a medio gas… Pero una cosa es soportar una medida de este calibre durante unos días, se pongan como se pongan, adoptada sin el menor consenso, y otra bien distinta cortar la vía al tráfico para siempre.

Ojo, pues la Gran Vía afecta no sólo a los que viven y trabajan en ella, sino a casi cualquier ciudadano, sea o no madrileño, que transite por la almendra central de la capital. Vaya, que ésta no es una cuestión meramente local.

En fin. Ignoro cuánto tiempo tardarán en hacerse masivos los coches eléctricos como remedio al mal contaminante que tanto parece preocupar a nuestros mandatarios. Sin embargo, me da la impresión que por mucho que fuese mañana mismo tampoco serviría de nada. Este equipo de gobierno está lanzado a dejar su marca de fábrica al precio que sea. Y como a la señora alcaldesa le va lo de montar en bici, pues eso.

 

 

 

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