Cortes en Gran Vía, nuevo caos de Carmena

Cortes en Gran Vía, nuevo caos de Carmena

Publicado por el Dec 5, 2016

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La actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, tiene la virtud de meterse en todos los charcos que encuentra a su paso. La última son los cortes navideños en una de las principales arterias viales (y comerciales) de la capital de España, la calle Gran Vía.

Por lo que se ve, al hilo de «recuperar la ciudad para los peatones», muy bonito sobre el papel pero bastante más dificultoso en la práctica, como se está viendo, ha limitado la circulación para todo aquel que no conduzca un autobús, un coche eléctrico, un taxi (incluso Cabify y Uber) o una furgoneta de reparto. Un papelón sobre todo para la hostelería, pues el horario de paso y trabajo se restringe de 23 a 11 horas y no son pocos los que acaban arrastrando la mercancía a pata y pulmón.

Eso sí, todos ellos han de lidiar con alguno de los pocos carriles practicables en un atasco sideral, ya desde primera hora de la mañana en días laborables, aún cuando la demanda peatonal a esas horas es prácticamente testimonial.

Las crónicas de Aitor Santos en ABC no pueden ser más elocuentes sobre las consecuencias de la iniciativa. Una medida que, visto lo visto, no agrada ni a los comerciantes. En conjunto, el colapso es general en la zona, como era previsible no solo en la calle de marras.

¿Y los aparcamientos públicos? En teoría, cualquiera puede intentar acceder a ellos, aunque sea a través de la zona delimitada, siempre y cuando existan plazas disponibles. Pero la hora de la verdad, como la circulación se ha convertido en una gincana pocos son los particulares que se atreven, y muchos parking quedan medio vacíos con la consiguiente bajada en ingresos que implica. De profesionales como comerciales y otros muchos, a los que no queda otra que usar el coche, mejor ni hablamos…

A todo ello, los carriles ahora reservados al público han sido acotados con vallas y cintas plásticas que acaban moviéndose fuera de su sitio. Por lo visto, una solución tan «efectiva» como peligrosa, porque además obliga a dejar operativos cruces y paradas de autobuses urbanos, con el público sorteando unos y otros.

En fin, la medida resulta casi improvisada. Una de esas ideas propias de una corporación empeñada en dejar su particular «marca de fábrica» al precio que sea. Por encima de las demandas sociales o de una búsqueda efectiva de consensos, estudiando las cosas de forma meditada (¿qué tal restringir solo por las tardes y no el día entero?) antes de llevarlas a la práctica. Puede que, a sus ojos, el coche siga siendo la madre de todos los problemas, pero desde luego ésta no parece la manera más sensata de combatirlo.

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