¿Hay vida para el diésel?

¿Hay vida para el diésel?

Publicado por el Nov 20, 2016

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Parece la pregunta del millón, o por lo menos es la que más escucho desde hace tiempo. ¿Me compro el coche de gasolina o sigo con la idea que tenía de uno de gasóleo? Es algo recurrente, una duda con lo que me topo una y otra vez. No me extraña que la gente se lo plantee y que, ahora como nunca, intente asesorarse bien. El «acoso» a todo lo que suelta humo y un cerco a la polución que se estrecha cada vez más invitan a ello.

Hace un par de «post» hablaba de la contaminación, de la maldita contaminación. En aquellas líneas citaba el embrollo que hay en todo esto. Claro, llegas a ciudades como Madrid un día de índices elevados y no puedes no ya aparcar, sino por primera vez circular, según sea par o impar la matrícula de tu coche. Ojo, tema de emisiones NOx, más que de CO2.

En París, aseguran, desterrarán la circulación de estos automóviles en 2020, y en Alemania quieren (o dicen querer) dejar de venderlos en menos de 15 años. Eso sí, ni «papa» de los miles de autobuses, furgones, ¡taxis! y otros muchos automóviles que, a diario, operan por las grandes urbes alimentados por este combustible. ¿Y de las calefacciones e industrias que tiran del ahora «maldito» combustible? Pues otro tanto.

Estos días hablaba del asunto con un responsable de Audi en España, una de tantas marcas inmersa en la conversión hacia la hibridación y electrificación de sus futuros productos. Y aludía, con criterio, que «si prohibes de golpe los diésel te cargas el 90 por ciento del tráfico». Y, añado yo, de la economía. En otras palabras: hacerlo así es imposible. Si acaso, de forma gradual, penalizando poco a poco a los automóviles que, año a año, se vayan haciendo más viejos, y por lógica más perniciosos con el entorno, hasta hacerlos desaparecer.

¿Entonces todos los coches del futuro serán eléctricos o híbridos? Suelo pensar que iremos por donde nos quieran llevar, ni más ni menos. Y que el día que las autoridades, de acuerdo con fabricantes y productores eléctricos se animen a dar el paso, entraremos de lleno por la senda eléctrica, no hay duda.

Ojo, ahora estos coches se priman con descuentos en el impuesto de circulación, en el aparcamiento regulado o con ayudas que, periódicamente, se establecen a su compra. Todo como aliciente para subir sus ventas, por lo que el día que el público en masa opte por coches así todo ello acabará. La cuestión es de dónde vamos a sacar la electricidad y la infraestructura para alimentar tanto coche «ecológico». Porque con sol y molinos de viento no llega, ni siquiera sumándoles las hidráulicas. Y al menos en España (como en Alemania) de nucleares no queremos ni oír hablar…

Por otra parte, ¿qué pasará con el recibo doméstico de la luz? ¿O es que alguien piensa que con el incremento previsto en el parque de automóviles movidos por electricidad e híbridos enchufables vamos a seguir pagando lo que ahora? Y eso que ya no es barata.

Bueno, tranquilidad: el diésel terminará por desaparecer tal y como lo usamos. Puede que no mañana, pero no dentro de mucho. Mientras, le queda recorrido, en parte porque la tecnología evoluciona y permite diseñar motores cada vez más eficientes y, si se me permite, «sostenibles» o menos nocivos. Por cierto, aún es mayor el campo por explorar en los motores de gasolina. Por ello, y ahora más que nunca, es bueno tener claro el uso que daremos al vehículo antes de comprarlo y hacerse las cuentas bien hechas para no caer en el «diésel por defecto», como hasta hace poco.

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