Drogatas al volante, ni de lejos

Drogatas al volante, ni de lejos

Publicado por el nov 16, 2016

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No lo entiendo: sigue habiendo gente con la maldad de conducir tras ingerir droga, ignorando, dicen, que está sancionado. Mienten cuando les encuestan, tanto o más que si la pregunta va sobre intención de voto. Pero, venga, vaya el «regalito»: son 1.000 euros de multa y retirada de 6 puntos de carné si llega a considerarse falta administrativa, y pena de prisión y privación del derecho a conducir de tacharse judicialmente como delito o por negativa del conductor a someterse a las pruebas en controles aleatorios.

Me dan igual los que reciban ese castigo, pero no este otro dato: según el último estudio de la Fundación Línea Directa y FENESVAL, 2,8 millones de conductores creen que si no tienen un accidente no podrán juzgarles por ir al volante drogados, poco, mucho o como sea. Esto no se lo enseñaron en el cole…

¿Pero de qué van? ¿Qué sentido tiene drogarse y luego conducir? Jamás he tomado drogas, en mi vida, ni un porro. Conozco a muchos que lo hacen, de fiesta, para estimularse o relajarse, combatir la «depre»… da igual. Pero hacerlo, y allá cada cual con su salud, y luego intentar gobernar un automóvil, ¿para qué? ¿Es tal la autosuficiencia? No, es locura, egoísmo, falta total de sentido común o una combinación de todo ello.

Lo sé, pasa con el alcohol. Bebemos, unos más, otros menos, todos, en fiestas, celebraciones, en comidas y cenas… Puro hábito social mal entendido, porque luego vamos y conducimos. Inexcusable, sin paliativos. La droga, y me da igual si es cannabis, hachis, cocaína o «pirulas», como las llaman, va aún más allá, porque si lo anterior es impresentable, que no fortuito, esto ya es abiertamente premeditado en el cien por cien de los casos.

Ahí va «lo mejor»: en los últimos 4 años casi el 16% de los conductores fallecidos dio positivo en drogas, un 7% más desde 2012. ¿Preocupante? No, qué va, no tiene nombre. En el mismo periodo han descendido las muertes por accidentes de tráfico (10%) y, más aún, los fallecidos al volante a causa del alcohol (18%). Es fácil: el cannabis y la cocaína están presentes en un 7,5% y 4,7% de los conductores, conforme a datos de la DGT, seguidos del alcohol con un 2,6% de positivos. Por cada conductor bebido, entre dos y tres han consumido drogas ilegales. Demencia total.

Pero hay más, vaya si lo hay. Resulta que entre los peatones fallecidos en los últimos cuatro años, uno de cada 10 dio positivo en drogas, como reveló su análisis forense. Y así, mientras que desde 2012 la presencia de alcohol ha descendido un 10% en ese colectivo, la de las drogas ha aumentado un 22%. La gente ahí fuera debe pensar que en esto de la seguridad vial es más peligroso beber que drogarse, y que un porro de cannabis viene a ser un simple cigarrillo, que de por sí ya es un peligro conduciendo porque como poco distrae. La realidad, hecha a la medida de cada cual.

Para no divagar, con datos en la mano de ensayos contrastados: un conductor que haya consumido cocaína necesita 5 metros más (+15,6%) para frenar el coche y casi 3 metros extra (+10%) si lo que ha fumado es cannabis. ¿Más? Claro, todo un crisol de despropósitos: las anfetaminas son las sustancias que más perjudican en este ámbito. Su ingesta provoca que la efectividad en la toma de decisiones al volante caiga un 65% (en el caso de la cocaína, la pérdida es del 46%).

Ya no entro en el gasto social que suponga la muerte o la hospitalización de uno de estos individuos, no digamos si salen mal parados del siniestro y quedan «tontos» y toca asistirlos de por vida. No, voy directamente al riesgo que entraña para los demás esta banda de malnacidos, que no admiten otro nombre. ¿Egoísmo? No, para egoísmo el suyo, el todo aquel que de forma voluntaria se droga, una o mil veces, y luego conduce. Malditos sean del primero al último.

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