Mayores al volante, llega el momento para decir basta

Publicado por el Oct 2, 2016

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El último informe elaborado por la Fundación Línea Directa y Centro Zaragoza acerca de la siniestralidad que sufren los conductores mayores de 65 años evidencia, por una parte, que la tercera edad no es un peligro en las carreteras.

De hecho, recuerda, su tasa de accidentalidad es 4 veces menor que la de los menores de 25 años, y menos de la mitad que la de los conductores de 35 a 44 años.

Fácil: respetan más los límites de velocidad, no son agresivos en la conducción y aceptan mejor sus limitaciones (auditivas y visuales, sobre todo). También suelen recorrer menos kilómetros y evitan hacerlos de noche.

Pero, ojo con esto, ante un accidente la mortalidad y la gravedad de las lesiones son muy superiores. Tanto como 2,5 veces mayores que la del resto de conductores, con un 9% más de probabilidades de resultar heridos graves.

Claro, hay una debilidad física más acusada y accidentes temibles por dañinos como salidas de vía, errores en intersecciones, en incorporaciones y en giros a la izquierda. A todo ello suman el uso de vehículos con más de 10 años, más inseguros que los modernos.

La estadística no puede hablar más claro: entre 2009 y 2014 la mortalidad se redujo un 62% entre los conductores de 25 a 34 años, y en un 67% en los menores de 25 años, pero el número de mayores de 65 años fallecidos aumentó un 5%.

¿Más peligrosos? Generalizar es, para variar, injusto, impreciso e innecesario. Depende de cada cual. En la actualidad hay multitud de factores que condicionan la conducción de la gente joven y de mediana edad: agresividad al volante, prisas, nervios a flor de piel, falta de descanso… Y eso por no hablar de la equivocada suficiencia con la que muchos se sientan a los mandos, en ocasiones, y de remate, con dos copas de más, por decirlo elegante.

Los mayores no suelen (repito, no suelen) padecer esos males. Pero sí otros, los antes enunciados. Y si bien con 65, 70 e incluso con 75 años una persona con buena salud puede estar en perfectas condiciones para gobernar un automóvil, valorar que llega un momento en la vida para decir basta, hasta aquí, y no jugársela sin necesidad, puede y debe ser mejor alternativa. Por uno mismo y por la vida de aquellos que le rodean. Cosa del buen sentido y del criterio, del buen hacer y de la prudencia de cada cual. Casi nada. No todos a la misma edad, claro, según la habilidad y la aptitud. Sirva como fórmula de transición dejarlo poco a poco, por ejemplo.

Por demagógico que parezca, una maratón no se corre con 10 años… pero tampoco con 70. Cada cosa tiene su momento en la vida. Con todos sus defectos, gozamos de una avanzada sociedad que facilita las cosas, también a los mayores, para pagar y coger un tren o, sin ir más lejos, un transporte público local.

Puede que unos y otros no sean perfectos. En realidad nada lo es: a veces hay que esperar más de la cuenta en la parada del bus, con lluvia, frío o calor, ajustarse a horarios que no acaban de encajar o compartir sitio en un entorno falto de privacidad. Pero definitivamente, el precio a pagar por todo ello es más que razonable, y el riesgo asumido al volante tremendo. No, qué va, no merece la pena.

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