Atropellos infantiles, todos somos responsables

Publicado por el Sep 18, 2016

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La vuelta al cole hace girar la vista hacia uno de esos dramas que pasan desapercibidos del imaginario colectivo: el de los atropellos a niños. Y eso que el 13% de estos siniestros implican a menores de 14 años, como recuerdan desde la Asociación Profesional de Centros de Formación Vial (Formaster).

La infracción más común de los menores es irrumpir en la calzada o cruzar de forma indebida. Y lo peor: el 32% de los atropellos a niños de 0 a 14 años es culpa de ellos o del adulto que los acompaña, para colmo de males en las cercanías de los centros escolares.

¿Quién se libra de semejante embrollo? Porque mal que, como adultos, crucemos la calle indebidamente, sin mirar o embebidos en el dichoso teléfono móvil, como recordaba desde estas líneas hace poco. Pero que lo hagamos, como lo hacemos, de la mano de nuestros hijos, eso ya no tiene perdón. Y lo hacemos, claro que sí.

Ahí va un dato: en 2014 hubo 539 niños atropellados por culpa de errores del peatón, el 46% por irrumpir en la calzada o cruzar mal. Ojo, insisto, muchos acompañados por adultos, no sé para qué… Y hay más: los chavales cruzan el semáforo en rojo (6,6% de los menores de 14 años atropellados) o están en la calzada de forma antirreglamentaria, sobre todo saliendo de coches en doble fila o por el lado equivocado, el de circulación (tienen que hacerlo por el de la calzada, el derecho). De traca.

Hay explicaciones. No es que no vigilemos de nuestros pequeños, es que en este bendito país somos bastante anárquicos, para qué negarlo. A nadie le escapa que, por ejemplo, carecemos de la diligencia y hasta de la sensibilidad que se estila en media Europa para el cuidado de calles y zonas públicas. Y eso, por demagógico que parezca, es extensible a casi todo.

Me cuentan que en Alemania girar en un cruce sin intermitencia se presta a la reprensión pública de aquel que lo ve, sin miramientos. Y que cruzar con un niño por un lugar indebido o de forma inadecuada suscita la bronca hasta de una abuelita que contemple la escena.

¿Para cuándo la formación en Seguridad Vial de nuestros chicos? Parece mentira, pero casi brilla por su ausencia: menos de 10 horas anuales en los colegios y no siempre en todos los cursos, cuando tendría que ser obligatoria en cualquier ciclo educativo e impartida por expertos, como policías municipales y profesores de autoescuela. No, no digo que todo deba quedar en manos de las escuelas, pero sin duda sería un excelente punto de arranque.

A menudo insisto en que vivimos rápido, demasiado. Prisas para ir al trabajo, jornadas, en muchos casos, maratonianas, llenas de compromisos de todo tipo. Y dejadez, mucha dejadez de unos y otros. Cóctel perverso. Dicen en Formaster que «la educación vial es, antes que nada, una educación en valores y civismo que debe aprender el niño gracias al comportamiento y práctica de la gente que, sobre todo, le rodea (padres, familiares, profesores…)». Y añaden: «La educación vial que demos a nuestros hijos hoy se convertirá en civismo y seguridad mañana». Yo añado: les va la vida en ello.

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