Barcelona y Madrid: arrecia la cruzada anti coche

Publicado por el sep 11, 2016

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Mientras las autoridades madrileñas anuncian que este invierno la capital contará con restricciones al tráfico severas en casos de elevada contaminación, en Barcelona el barrio de Sant Martí estrena la primera supermanzana en la trama Cerdà; persigue dejar la zona «limpia» de coches… o casi.

Una vez más, la «bestia negra», el enemigo a batir, es el automóvil. Ése que tan pingues beneficios fiscales depara a las arcas públicas, también municipales. El mismo que tanto necesitan profesionales a menudo alejados de sus domicilios: comerciales, fontaneros, albañiles… ¿Qué será de ellos? Nadie lo sabe, y las prohibiciones en ciernes son realidades tangibles.

En Madrid el equipo de gobierno amagó en pleno verano con aumentar el espacio S.E.R, tanto en espacio afectado como en horas y días de cobertura. Luego se desdijo en una de esas contradictorias maniobras a la que nos tiene acostumbrados. Primer aviso.

trafico-madrd-contaminacion-kMjG--620x349@abcLa ciudad condal va por otros derroteros: el propósito es ganar espacio al peatón, por lo que se ve a marchas forzadas. La idea no es del todo mala, pero como en la capital de España resulta incompleta. De momento, no ha logrado reducir el uso del vehículo privado por mucho que avance en la malla ciclista impulsando a la vez la red ortogonal de autobús. El coche debía caer un 21% entre 2011 y 2018, pero en cuatro años solo lo ha hecho un 1,3%.

Eso sí, Sant Martí contará para 2018 con supermanzanas como paso previo al despliegue de un número indeterminado de éstas en los barrios de Gràcia, Eixample, Nou Barris y Horta-Guinardó. En total, más de 15, que se unirán a las tres existentes: la de Poblenou, una en Gràcia y otra en Les Corts.

Dice el urbanista Salvador Rueda, impulsor de la idea, que «hasta ahora el único derecho en la calle era el de la movilidad. Con las supermanzanas se añaden los derechos al ocio, la cultura, el intercambio y la democracia. Así, dejaremos de ser peatones para volver a ser ciudadanos».

Sorprendente, aunque, con sinceridad, no entiendo una palabra. ¿Qué hará la gente con sus coches? ¿Afectará todo esto al comercio? Porque una cosa es restringir el tránsito en un espacio de reducidas dimensiones y otra muy distinta vetarlo por completo en media ciudad. ¿Alguna propuesta para impulsar, en serio, el transporte público?

Por lo que toca a Madrid, el nuevo protocolo contra la contaminación aporta novedades como el adelanto en un día la aplicación de medidas. La nueva normativa contempla incluso restringir por decreto la totalidad del tráfico en la M-30 y el centro en situaciones «muy excepcionales», hasta ahora inéditas. Por ejemplo, cuando se superen los 400 microgramos de NO2 por metro cúbico y la meteorología sea desfavorable.

Ok, todo perfecto, sano, saludable. ¿Y las alternativas al vehículo? No he oído hablar de ninguna. ¿Vamos a ir todos caminando? ¿En bici quizá? ¿Qué pasa con los prometidos aparcamientos disuasorios, al menos en Madrid? ¿Algún convenio que se me escape de uno y otro consistorio con patronales y empresas para que la gente tenga donde ducharse y cambiarse al llegar al trabajo sudando la gota gorda tras darle al pedal?

Nada de nada, sólo prohibir y prohibir. Eso es fácil. Lo puñetero, lo realmente complicado es dar respuesta a los problemas que acarrean semejante disposiciones en ciudades que, cada día, movilizan a millones de personas de un sitio a otro, siempre a distancias kilométricas. Sí, digo bien, kilométricas.

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