El navegador debe ser la ayuda, no el problema

Publicado por el ago 28, 2016

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Sucede con estos inventos lo que con tantas cosas, móvil incluido: su uso inadecuado deriva en lío. Dicho de otra forma, no sólo es sancionable manejar un navegador conduciendo (200 euros y retirada de puntos), sino que ante todo es peligroso.

Nadie concibe que llevar a mano un teléfono sea dañino… hasta que lo utilizamos cómo y cuándo no debemos. Es lo más parecido a coger el iPhone de turno para clavar escarpias, ¿no?

gps-integradoClaro, no es su función, pero tampoco lo es leer mensajitos o mandar Whatsapp, consultar el tiempo o leer el último mail sentados a los mandos del coche. Y se hace, vaya si se hace…

Por lo que toca al popularmente conocido como GPS, la norma número uno es familiarizarse con él. En otras palabras: leer sus instrucciones, algo que pocos, realmente muy pocos acostumbran a hacer con los dispositivos que compran. De hecho, los hay que insertan destino mediante un mando de voz (de nuestra voz) que, a menudo, desconocemos.

Usarlo con cabeza evitará distracciones, responsables de la mitad de los accidentes. Además de tener actualizados sus mapas, si es un sistema externo o no integrado en el vehículo es clave colocarlo bien sobre su soporte para evitar que caiga o perjudique la visibilidad; esto es sancionable hasta con 200 euros. Y nunca puede entorpecer la acción de elementos de seguridad como los airbag.

Del mismo modo, es crucial  programar la ruta antes de arrancar. En marcha, la vista estará en el asfalto porque un despiste de 3 segundos por toquetearlo yendo, por ejemplo, a 120 km/h equivaldrá a superar 100 metros en el limbo, sin ver cinco de cada diez señales de la vía. Y para colmo disminuyendo drásticamente nuestra capacidad de reacción ante imprevistos.

En realidad, la «jugada» pasa por seguir su guía verbal o acústica y, como mucho, echar de cuando en cuando un rápido vistazo de reojo a la indicación de su pantalla para confirmar que vamos bien.

En caso de duda o contradicción, cuando creamos que el camino es uno y el navegador marque otro, tranquilidad: seguiremos la indicación con mayor atención si cabe, pero sin nervios ni parando de cualquier modo, menos aún entorpeciendo la circulación. Lo mismo si nos equivocamos: ni soñar con echar marcha atrás «a las bravas» para rectificar. Cualquier equipo vuelve a situarse con rapidez y, sin dar mucha vuelta, a mostrar la nueva senda para llegar al destino fijado.

Como norma, no dejaremos un navegador portátil instalado para irnos del coche: no sólo «provocaremos» a los amigos de lo ajeno, que no se lo pensarán dos veces (a veces abren y rompen siguiendo pistas como un cable de recarga o la ventosa que fija estos dispositivos, intuyendo que estarán cerca, ocultos en la guantera o en algún otro sitio), sino que lo deterioraremos innecesariamente por la acción del sol y el calor en el habitáculo a vehículo parado, sobre todo en esta época del año.

En fin, ojo a la «lluvia» de electrónica a bordo: mientras los coches no vayan por si mismos, hay que tomarse todo esto con calma y hacer prevalecer el sentido común. No sea que por ir siempre conectados y a la última, entre GPS, streaming para la música, móvil y «comparsas» similares, selfies incluidos, acabemos criando malvas.

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